Viernes XXIV del tiempo ordinario (A)

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– 1Tim 6,2c-12
– Sal 48
– Lc 8,1-3

“Combate el buen combate de la fe”

Porque desde que fuimos bautizados se nos ha entregado un tesoro muy preciado, y muchos querrán arrebatarnos tan costoso regalo que Dios nos ha dejado, tendremos tribulaciones, tropiezos, caídas, decepciones, engaños, tentaciones, persecuciones, todo para que abandonemos el seguimiento al verdadero y único Dios.

Cristo Jesús ha venido para librarnos del pecado y de la muerte, porque nos ama incondicionalmente, pero así como ha venido a salvarnos también nos dejo muy en claro: “Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes. Pero los tratarán así a causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió”, pero también nos dejó dicho: “Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron”, “porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará”.

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Jueves: San Mateo, apóstol y evangelista (A)

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– Ef 4,1-7.11-13
– Sal 18
– Mt 9.9-13

“Sean siempre humildes y amables, sean comprensivos, sobrellévense mutuamente con amor”

Tal como Cristo Jesús nos ha enseñado, siendo humilde desde su nacimiento; siendo amables con todos, especialmente con los más necesitados; siendo comprensivos con aquellos que no saben lo que hacen; amándonos hasta entregar su vida por nosotros, para salvarnos de la esclavitud y de la muerte.

Y es que, si tomamos a Cristo Jesús de la mano para caminar por esta vida, todo esto lo podremos hacer, solo debemos dar ese paso necesario, de querer tomar de su mano para caminar, de querer salir de las aguas del maligno, de aceptar verdaderamente el verdadero amor que solo proviene de Dios, de querer vivir realmente el cielo aquí en la tierra

Miércoles XXIV del tiempo ordinario (A)

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– 1Tim 3,14-16
– Sal 110
– Lc 7,31-35

“Grandes son las obras del Señor”

Todo cuanto existe lo ha creado el Señor, hombre y mujer los creó también, y, “qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que te ocupes de él? Por poco tiempo lo pusiste debajo de los ángeles y lo coronaste de gloria y esplendor. Todo lo sometiste bajo sus pies”, solo su amor incondicional, sin límites, libre y voluntariamente.

Y todo cuanto creó “vio que era bueno”, mas cuando creó al hombre y a la mujer “miró que todo cuanto había hecho y vio que era muy bueno”, porque ya desde el principio nos creó por amor, nos preparó un lugar donde habitar, lo creó todo de la nada, y acaso todo cuanto ha creado no es perfecto? Le hace falta algo a las plantas o le sobra algo? Le hace falta algo a los animales o les falta algo? No los creo para que nos alimentemos? Y no creó el agua para que saciemos nuestra sed?

Martes XXIV del tiempo ordinario (A)

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– 1Tim 3,1-13
– Sal 100
– Lc 7,11-17

“Un gran profeta ha surgido de entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo”

Sí, Dios “ha visitado y redimido a su pueblo suscitándonos una fuerza de salvación” en Cristo Jesús, que ha “nacido de una mujer”, que “no conoció pecado” pero “Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que seamos justificados por Él”, y esto no lo entendieron aquellos que vivieron en su tiempo, no lo vieron como era sino como un gran profeta.

Y, pues, Él ha sido más que un profeta, es Dios mismo quien camina en medio de los pueblos llevando a todos lados su amor, su perdón, su misericordia, teniendo compasión con los más necesitados, con los marginados, con los enfermos y los pecadores, porque “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo Único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga vida eterna”.

Lunes XXIV del tiempo ordinario (A)

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– 1Tim 2,1-8
– Sal 27
– Lc 7,1-10

“Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos”

Quiso hacerse hombre para pagar ese rescate, que era necesario, para nuestra salvación, porque sólo Él podía pagar esa deuda, sólo Él ofreciéndose a sí mismo, derramando su Sangre, era posible tal redención.

Y no es porque lo merezcamos, al contrario, lo hizo porque nos ama, porque Él “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad”, y por eso el apóstol nos dice: “quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar elevando hacia el cielo unas manos piadosas, sin ira ni discusiones”, unas manos llenas de ese amor recibido un día (por medio de los sacramentos) de Dios.

Jueves XXII del tiempo ordinario (A)

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– Col 1,9-14
– Sal 97
– Lc 5,1-11

“Él nos ha liberado del poder de las tinieblas”

Se ha compadecido de todos nosotros, porque ha visto que hemos desviado el propósito que Él tuvo cuando nos creó, porque nos hemos dedicado a hacer el mal y hemos hecho de la Ley todo lo contrario al cual fue dictada, hemos hecho de la Ley aquello que nos conviene de manera personal, pero no de manera comunitaria, desplazando al prójimo, condenándolo y no amándolo.

Y, enviando a su Hijo para que muera en la cruz, paga por nosotros una deuda que Él no tenía, sino que se hizo abogado de nosotros, se hizo nuestro fiador, se hizo nuestro justificador porque nos ama, y nos quiere libre de toda atadura que nos lleva a la condenación eterna.

Miércoles XXII del tiempo ordinario (A)

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– Col 1,1-8
– Sal 51
– Lc 4,38-44

“Confío para siempre en el amor de Dios”

Cuando abrimos verdaderamente nuestro corazón a Dios, cuando aceptamos su infinito amor, cuando dejamos que guíe y gobierne nuestras vidas, cuando ponemos en práctica sus enseñanzas, nos damos cuenta real y cabalmente del bien que es su proyecto de vida para con nosotros, de experimentar un amor único, real y auténtico.

Y por ese mismo amor que experimentamos somos elegidos a llevar la Buena Noticia de Dios a todo el mundo, porque nos sentimos salvados y, necesitamos y queremos que las demás personas se salven también, porque queremos sinceramente el bienestar de los demás por encima del nuestro, porque veamos en ellos a Cristo Jesús.

Martes XXII del tiempo ordinario (A)

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– 1 Tes 5,1-6.9-11
– Sal 26
– Lc 4,31-37

“Dios no nos ha destinado al castigo eterno”

Dios nunca ha querido el mal para nosotros, nos ha creado por amor y para amar, incluso, cuando ya no había más nada que hacer, cuando la humanidad estaba al borde de la perdición total, envió Dios a su Hijo Unigénito, nos envió a Cristo Jesús para salvarnos, para darnos una nueva vida, para enseñarnos el proyecto de vida que Dios tiene para con nosotros.

Dios nos ama, Dios nos salva, Dios es y será nuestra luz en el camino, Él es el sendero por el cual debemos caminar para nuestra salvación, para tener vida eterna.

Lunes XXII del tiempo ordinario (A)

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– 1 Tes 4,13-18
– Sal 95
– Lc 4,16-30

“Los que murieron en Cristo resucitarán primero”

Cristo Jesús vino a enseñarnos a amar, a perdonar verdaderamente, a unir a las personas, a que seamos uno solo en la diversidad, y todo aquel que lo acepta de verdad buscará siempre ser todo cuanto Él enseñó, hará siempre todo cuanto Él predicó con su Palabra y su estilo de vida.

Por tanto, todo aquel que vive en Cristo morirá, y si ha muerto en Cristo resucitará primero, porque ha sido juzgado según Cristo, porque todos seremos juzgado según el amor que hayamos dado o dejado de dar.

2016-11-15

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No dudemos en buscar a Cristo Jesús, Él se deja encontrar por nosotros y quiere habitar en nuestra casa, pero no desfallezcamos en su búsqueda, sin importar la situación en la que nos encontremos. Seamos verdaderamente agradecidos con Él, no dudemos de su amor incondicional para con nosotros. Perdonemos siempre a nuestro prójimo (Evangelio del día: Lc 19, 1 – 10).