Preámbulo:

Apenas ayer escribí acerca del análisis de nuestra oración y no salgo de mi asombro de como Dios se está comunicando con nosotros, de como Dios nos busca incansablemente, de como Dios hace todas las cosas para que nosotros, su hijos, vivamos en paz, en armonía y llenos de su infinito Amor.

Reflexión:

Hoy las lecturas, en el inicio del año de la fe, vísperas a la Evangelización en América Latina, que nos dice:

Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá. Porque quien pide, recibe; quien busca, encuentra y al que toca, se le abre… (Lc 11, 9-10)

Y es que todo este tiempo hemos estado pidiendo lo que nace de nuestros corazones, y en todo este tiempo es lo que se nos ha dado, paz a nuestra amada tierra Venezuela.

Como se nota la presencia de Dios en nuestras vidas, que nos va llevando de la mano por su sendero Santo; como se nota que la Madre de nuestro Señor, la Santísima Virgen María nos acompaña en todo momentos y nos quiere llevar a los brazos de su Hijo Jesús.

Y como en la primera lectura del día de hoy (Gál 3, 1-5) nos llaman “Insensatos…”, y bien merecido que lo tenemos, porque no queremos ver lo que Dios hace en nosotros y por nosotros, sino que al contrario, pensamos y nos hacemos creer que todas las cosas que hemos hecho han sido porque hemos cumplido la ley, y no vemos que todo ha sido por obra de Dios en nosotros, a través del Espíritu Santo; y mas bien deberíamos decir como el Apóstol San Pablo:

… Pero en virtud de la Ley, he muerto a la Ley, a fin de vivir para Dios. Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí… (Gál 2, 19-20)

Por eso debemos morir a la ley de Moisés, debemos dejar atrás el pasado y vivir según la vida de Cristo, porque el no vino a abolir la ley, sino que al contrario, vino para hacerla perfecta con su vida y con sus obras.

Por tal motivo digamos, “Bendito sea el Señor, Dios de Israel…” (Lc. 1, 68), porque por medio de Él somos lo que somos y tenemos lo que tenemos. Porque gracias a Él vivimos, nos movemos y existimos. Porque a través de su Hijo Jesucristo, por su sangre derramada en la cruz, hemos sido salvados y hemos sido perdonados de nuestros pecados y redimidos de la muerte.

Despedida:

Que en este año de la fe, que nuestros Santo Padre Benedicto XVI ha declarado hoy, sea de fortaleza espiritual; podamos llevar en nuestro corazón y en nuestra vida la vida de Cristo, que nuestro prójimo en vez de vernos a nosotros, vean a nuestro Señor en nosotros. Vivamos este año llenos de fe, de esperanza y del amor de Dios; porque con Él todo lo podemos y para Él todo lo haremos.

Feliz día!

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