Preámbulo: 

Ayer publiqué un mensaje sobre Halloween, la importancia que tiene para nosotros los Cristianos Católicos el no celebrar esa “fiesta” que a simple vista pareciera ser algo insignificante e infantil, pero tiene un trasfondo oscuro, y no va acorde a nuestras costumbres.

Reflexión:

Hoy he querido escribir algo acerca de la vida de aquellas personas que ya han alcanzo la meta del que nos habla el Apóstol San Pablo en su carta:

…Y todo esto, por amor a la Buena Noticia, a fin de poder participar de sus bienes. ¿No saben que en el estadio todos corren, pero uno solo gana el premio? Corran, entonces, de manera que lo ganen. Los atletas se privan de todo, y lo hacen para obtener una corona que se marchita; nosotros, en cambio, por una corona incorruptible. Así, yo corro, pero no sin saber adonde; peleo, no como el que da golpes en el aire. Al contrario, castigo mi cuerpo y lo tengo sometido, no sea que, después de haber predicado a los demás, yo mismo quede descalificado… (1Co 9, 23 – 27)

Porque he querido recordar a todas aquellas personas que de una u otra manera, hombres y mujeres que pasaron por este mundo, y que algunos viven en este mundo, están compitiendo en la carrera de la santificación, y es que…

… La voluntad de Dios es que sean santos… (1Ts 4,3)

Y es que Nuestro Padre Celestial…

… nos ha elegido en él (Cristo), antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor. (Ef 1, 4)

Porque de ellos es el Reino de los Cielos, ellos…

… han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero… (Ap 7, 14)

Este día debe ser una fiesta para todos nosotros, los Cristianos Católicos. Este día debemos conmemorar, recordar, dar gracias a Dios por todas aquellas personas que han seguido el plan divido de salvación, y que son ejemplos a seguir para todos los que vivimos en la tierra.

Y entonces nos preguntamos, ¿cuál es ese plan de salvación que tiene Dios para mí? ¿qué tengo que hacer para llegar a la salvación eterna?  La respuesta a estas preguntas las encontraremos, como siempre, en la Palabra que nos da esa vida eterna…

«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron. (Mt 5, 3 – 12)

Así pues, ¿queremos llegar al reino de los cielos? Aquí tenemos el plan que Cristo nos propones para obtener la salvación, el plan que aquellas personas han seguido y están viviendo ya en la casa del Padre. Y es que

…«Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos». «¿Cuáles?», preguntó el hombre. Jesús le respondió: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo». El joven dijo: «Todo esto lo he cumplido: ¿qué me queda por hacer?». «Si quieres ser perfecto, le dijo Jesús ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme»… (Mt 19, 17 – 21)

Y es que, para llegar a la salvación de nuestra alma debemos despegarnos de todas las cosas materiales, porque nada que hay en este mundo lo podremos llevar a la otra vida, sólo nos podremos llevar la entrega que le dimos a nuestros hermanos, el amor que le ofrecimos, porque el amor es lo que realmente nos une con nuestro Señor Jesucristo, y por ese amor se entregaron todas esas personas que interceden por nosotros ante nuestro Padre Celestial

Despedida:

Vivamos pues el Evangelio que es nuestro verdadero camino a la santidad, seamos parte de su Cuerpo místico que es la Iglesia, y no decaigamos ante las adversidades que se nos presenten, porque es un buen indicio, de que vamos por buen camino. Abramos nuestros corazón al verdadero amor que es Cristo, quien extendió sus brazos en la cruz y derramó su Preciosísima Sangre para librarnos de la esclavitud y perdonar todos nuestros errores y todas nuestras faltas.

Que Dios nos colme de esa paz que tanto necesitamos en nuestros corazones, que inunde nuestra vida de su ser que es el amor puro, que nos de la valentía de proclamar su Evangelio, y que nos permita ser sus manos para tocar la humanidad, sus pies para caminar por el mundo a llevar su Palabra, sus ojos para ver las injusticias y su boca para denunciarlas y para proclamarlo a todas las naciones.

Dios les bendiga!

Un abrazo fuerte de paz y amor en Cristo Jesús!

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