Preámbulo:

Leyendo ayer las guías de Formación para los Voluntarios de la JMJ de Río de Janeiro, me dí cuenta aún más de la importancia del amor, y no sólo del amor a las personas por ser hermanos nuestro por ser hijos de Dios, sino que también el amor que debemos tener para las cosas que hacemos. Porque Dios no descansa, vive en un continuo trabajo, y sólo por amor a sus hijos.

Reflexión:

Y es que desde el principio ha sido así, como lo describe muy bien en la primera entrega de la formación, Dios creó todas las cosas muy bien explicado en el Génesis:

Al principio Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas. Entonces Dios dijo: «Que exista la luz». Y la luz existió. Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el primer día. Dios dijo: «Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas». Y así sucedió. Dios hizo el firmamento, y este separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo día. Dios dijo: «Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme». Y así sucedió. Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces dijo: «Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla y árboles frutales, que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro». Y así sucedió. La tierra hizo brotar vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el tercer día. Dios dijo: «Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra». Y así sucedió. Dios hizo que dos grandes astros –el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche– y también hizo las estrellas. Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día. Dios dijo: «Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo». Dios creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces los bendijo, diciendo: «Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la tierra». Así hubo una tarde y una mañana: este fue el quinto día. Dios dijo: «Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie». Y así sucedió. Dios hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era bueno… (Gn 1, 1-25)

Y es aquí donde nos damos cuenta que Dios no cesa de trabajar por nosotros sus hijos, porque antes de crear al hombre preparó todo para que nosotros, sus hijos, tengamos todo listo para que podamos habitar en la tierra, podamos tener vida, y no cualquier vida, sino una vida en armonía en la paz y en el amor, en su Amor misericordioso.

Y la catequesis continúa diciendo: “La creación es trabajo de Dios, que llama a la existencia que antes no existía (Rm 4, 17). Y lo divino es que con sus propias manos se dedicó a trabajar en su obra, dándole su toque personal, según su libre deseo. Un trabajo que llega a su culmen con la creación del hombre, su obra maestra.”. Y sí, somos su obra maestra, porque somos el toque especial que Él le dio a su creación, porque nos creó por y con amor, un amor tan incondicional que no se puede comparar con ningún otro amor, y así lo narra ese libro maravilloso que es el Génesis:

Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo». Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. Y los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra». Y continuó diciendo: «Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde». Y así sucedió. Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día. (Gn 1, 26 – 31)

Y aquí es donde está lo grandioso de todo, Él vio que todo cuanto había hecho era bueno, porque todas las cosas que se hacen con paciencia y amor son buenas. Nada que se haga con amor perjudica a los demás.

Y así sucesivamente va hablando Dios al pueblo de Israel, a través de los padres de la fe, así llamó a Abraham, a Moisés, a Aarón, a Josué, a los profetas, a Samuel hasta llegar a Juan el Bautista, quien proclamó el perdón de los pecados y la conversión del corazón, porque la venida del Mesías ya estaba cerca.

Y llegado el momento culmen, cuando era el momento preciso, envió a su Unigénito, para que por amor, restaurara todo lo que la humanidad había perdido; para que por amor, se creara una nueva alianza eterna; porque por amor, Cristo Jesús se entregó al calvario de la cruz, porque por amor quiso quedarse en medio de nosotros en forma de pan y vino, consagrados así en la última cena diciendo:

«He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios». Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomen y compártanla entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios». Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes. (Lc 22, 15 – 20)

Ya así anticipaba su muerte, y que se entregaba por amor a nosotros, que somos miembros de su Santa Iglesia, porque no hay mayor amor que entregar la vida por sus amigos, e inclusive, crucificado por nosotros nos perdona diciendo:

Cuando llegaron al lugar llamado «del Cráneo», lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos. (Lc 23, 33 – 34)

Lo maltratamos, lo herimos, no le tendemos la mano, lo seguimos crucificando y Él nos sigue perdonando, porque Él nos ama incansablemente. Su amor sobrepasa toda frontera. Y por si no lo habíamos notado, cada mañana se ve y se siente su grandeza infinita, podemos notar como un nuevo sol nace cada mañana, un nuevo aire se respira, la creación que tuvo lugar en un principio, Él la sigue manteniendo, Él sigue trabajando para enseñarnos cada día nuevas cosas y nuevos horizontes.

Porque por su infinito amor, me llamó un día para seguir adelante, y por su infinita misericordia hoy en día soy su creación perfecta, porque con su derroche de pasión por la humanidad muchos seremos y participaremos como voluntarios para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en Río de Janeiro. Y por su amor, vemos como cada día se van uniendo más y más a los grupos que se han conformado, se siente el entusiasmo entre los voluntarios de todas partes de América latina y otras partes del resto del mundo.

Despedida:

Por eso, bendito sea Dios, porque nos ama en cada instante, porque nos cuida como a la niña de sus ojos; bendito sea Dios porque no ha dejado de trabajar para mantener su creación para que nosotros podamos seguir viviendo; bendito sea Dios porque cesa de llamarnos a la conversión y no deja de invitarnos a compartir nuestro amor con los demás.

Dios y la Santísima Virgen los colmen de bendiciones, los guíen por el camino del bien, los llenen de amor fraterno, los acompañen siempre por donde vayan y los hagan hombres y mujeres de paz.

Dios les bendiga hoy mañana y siempre.

Un fuerte abrazo de paz y amor en Cristo Jesús, Salvador nuestro.

 

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