Preámbulo:

El pasado domingo hubo el reencuentro del Autoencuentro 34 de Maracaibo.

Autoencuentro es un programa de Encuentros Familiares de Venezuela que va dirigido a personas solas (mayores a 30 años), madres y padres solteros, viudos y separados o divorciados civilmente.

Fue un día poco atípico para mí, dado que poco asisto a esas reuniones, pero por haber sido animador de ese encuentro, estaba en el deber de asistir, y de esa manera volvía a ver a los participantes. Fue un día, aunque poco compartí con ellos, donde se “evaluó” un poco el proceso de crecimiento personal a partir de la salida del encuentro hasta ese día.

Resulta que, en ese momento se toca un tema un poco controversial hoy en día en la Iglesia Católica universal, y que la Iglesia tiene claro una posición al respecto.

Reflexión:

Posición que yo también tengo, porque la Iglesia Católica no se lleva por modernismos ni mucho menos, esta Iglesia Universal se rige por unas normas que han hecho que pueda perdurar por casi de 2000 años de existencia. Las mismas normas que llevaron a Abraham a seguir los pasos de Yahveh, las mismas normas que pudieron hacer posible que Moises pudiera rescatar al pueblo de Israel en Egipto, las mismas normas por las que los reyes y los profetas de Israel se guiaron, y todos ellos fueron protagonistas. Normas que existen desde hace cientos de años, y son las que mantienen a la humanidad en equilibrio.

Y es que en un principio Dios hizo al hombre y a la mujer para que sean una sola carne:

…Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando este se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío. Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: «¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre». Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne… (Gen 2, 21 – 24)

En ningún momento dijo que la mujer y el hombre irán por separado, no dijo tampoco que la mujer sería esclava del hombre, ni dijo tampoco que el hombre será superior que la mujer, ni de forma inversa; sino que creó a la mujer de la costilla del hombre, sin darle superioridad ni inferioridad, mas bien le dio igualdad de importancia y significado. Por eso, tanto el hombre como la mujer son importantes para Dios, no hay distinción entre uno ni el otro. Nos hizo al varón y a la mujer para ser un solo hombre perfecto.

Tampoco colocó condiciones para hacer esa unión, y esa unión entre el varón y la mujer no podrá ser disuelta por ninguna persona en el mundo, sólo la separación mortal de la persona. Y la explicación de esto nos la enseña el mismo Jesús:

…Se acercaron a él algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?». El respondió: «¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer; y que dijo: “Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne”? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido»… (Mt 19, 3 – 6)

Por eso, ni la autoridad civil ha podido realmente “divorciar” a un matrimonio eclesial, únicamente lo ha podido hacer mediante su autoridad civil, como lo indica la Real Academia Española:

divorciar.

(De divorcio).

1. tr. Dicho de un juez competente: Disolver o separar, por sentencia, el matrimonio, con cese efectivo de la convivencia conyugal.
2. tr. Separar, apartar personas que vivían en estrecha relación, o cosas que estaban o debían estar juntas. U. t. c. prnl.
3. prnl. Dicho de una persona: Obtener el divorcio legal de su cónyuge.

Sólo la autoridad civil. disuelve o separa el matrimonio. y lo mas lamentable es que afirma, separa o aparta personas que vivían en estrecha relación, que debían estar juntas. Inclusive, cuando ella misma habla de separación, indica:

separar.

(Del lat. separāre).
7. prnl. Dicho de los cónyuges: Interrumpir la vida en común, por fallo judicial o por decisión coincidente, sin que se extinga el vínculo matrimonial.

La autoridad interrumpe la vida común entre la pareja, el matrimonio real no se disuelve, únicamente se divide la unión corporal de ambas personas, pero no se extingue el matrimonio, no se disuelve ni se acaba, sino que continua siendo real, y por tanto, ¿el divorcio para Dios tiene alguna validez? Definitivamente, no!

Desde que Dios ha unido a dos personas; y específicamente al varón y a la mujer, no a dos varones ni a dos mujeres, y tampoco une a un varón con varias mujeres ni a una mujer con varios varones; ya no hay manera de separar esa unión, únicamente en la separación física mediante la muerte se hace efectiva esa separación.

Y peor aún para aquellas personas que intentan tener algún tipo de relación con personas casadas, o al menos por la Iglesia, porque Dios, dentro de sus normas nos dice:

…No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás su casa, su campo, su esclavo, su esclava, su buey, su asno ni ninguna otra cosa que le pertenezca… (Dt 5, 21)

Y más adelante en la Biblia Jesús nos dice:

…«Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa?». El les dijo: «Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era sí. Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio»… (Mt 19, 7 – 9)

Por tanto, sólo la muerte es capaz de separar el vínculo del matrimonio, y para eso Jesús nos enseña la siguiente parábola:

…Se le acercaron algunos saduceos, que niegan la resurrección, y le dijeron: «Maestro, Moisés nos ha ordenado: “Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda”. Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia. Finalmente, también murió la mujer. Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?». Jesús les respondió: «En este mundo los hombres y las mujeres se casa, pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casarán. Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección. Que los muertos van resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Porque él no es Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él»… (Lc 20, 27 – 38)

Sólo la muerte nos separa del vinculo matrimonial, porque vamos a tomar parte de una unión mas perfecta aún, porque aquella persona que muere va a ver cara a cara al Amor verdadero y real, al Amor de los amores, al Amor dador de vida y de bondad, al Amor que mueve todo en el universo, al Amor que se entrega voluntariamente día a día en la cruz.

Despedida:

Por tal motivo, no seamos partícipes de separaciones, en cambio, busquemos y ayudemos a las uniones matrimoniales, ya que son una bendición y una unión del mismo Dios. Busquemos la manera de unir en vez de dividir, porque en la unión se encuentra el Amor puro que Dios.

Dios y la Santísima Virgen los colmen de bendiciones, los guíen por el camino del bien, los llenen de su misericordia infinita, los acompañen siempre por donde vayan y los haga hombres y mujeres de paz.

Dios les bendiga hoy, mañana y siempre.

Un fuerte abrazo de paz y amor en Cristo Jesús, Salvador y Redentor nuestro.

Anuncios