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Preámbulo:

Este fin de semana pasado (8 y 9 de Diciembre), tuvimos en la Costa Oriental del Lago (COL) el II Encuentro Nacional de Voluntarios de Venezuela para la JMJ Río de Janeiro 2013. Contamos con la presencia de algunas personas del Estado Lara y Aragua, con el Padre Fernando Azuaje (Voluntario también de estas jornadas) y de personas de la COL y de Maracaibo.

Particularmente, para mí fue una experiencia muy gratificante, saber que contamos con un grupo realmente comprometido, con una delegación que verdaderamente irá a servir por aquello que realmente vale la pena; por aquello a lo que Dios, desde antes de nuestro nacimiento, nos llamado; por aquello que nos llenará verdaderamente nuestros corazones y nuestras vidas.

Reflexión:

Porque así nos ha elegido el Señor:

…Antes de formarte en el vientre te elegí, antes de salir del seno materno te consagré y te nombré profeta… (Jr 1, 5)

Y nosotros de alguna manera ponemos nuestros “peros”, siempre nos aquejamos de alguna manera:

…¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho … (Jr 1, 6)

O pudiera ser algo así:

…¿Quién soy yo para acudir al faraón o para sacar a los israelitas de Egipto? … (Ex 3, 11)

O mas bien alguna frase así:

…Yo no tengo facilidad de palabra, ni antes ni ahora que has hablado a tu servidor; soy torpe de boca y lengua… (Ex 4, 10)

Y lo peor aún, pretendemos dar ordenes:

…No, Señor; envía al que tengas que enviar… (Ex 4, 13)

Pero no nos colocamos en las manos de Él que lo puede todo, porque Él no llama a los que saben, al contrario enseña a quienes elige para enviar el mensaje a todas las naciones:

…No digas que eres un muchacho: que a donde yo te envíe, irás; lo que yo te mande, lo dirás. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte… (Jr 1, 7 – 8)

Y en reiteradas ocasiones nos dice:

…Yo estoy contigo… (Ex 3, 12)

Y cada vez que colocamos algún obstáculo, siempre buscará la manera de hacer cuanto nos encomienda. Ninguna palabra sale de nuestros labios si Él antes no lo ha pensado:

…Yo estaré en tu boca …, les enseñaré cuanto tienen que hacer… (Ex 4, 15)

Por tanto, ya Dios nos ha elegido para ser de su propiedad, para que seamos sus profetas, para que evangelicemos a todas las naciones. Dios nos ha llamado para ser partícipes de la Gloria eterna, como lo dice el prólogo del Catecismo de la Iglesia Católica (CIC):

Dios, infinitamente Perfecto y Bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para que tenga parte en su vida bienaventurada. Por eso, en todo tiempo y en todo lugar, está cerca del hombre. Le llama y le ayuda a buscarlo, a conocerle y a amarle con todas sus fuerzas. Convoca a todos los hombres que el pecado dispersó, a la unidad de su familia, la Iglesia. Lo hace mediante de su Hijo que envió como Redentor y Salvador al llegar la plenitud de los tiempos. En Él y por Él, llama a los hombres a ser, en el Espíritu Santo, sus hijos de adopción, y por tanto, los herederos de su vida bienaventurada. (CIC #1)

Y mas adelante nos dice también:

…Ciertamente, Dios llama a los hombres a servirle en espíritu y verdad. Por ello quedan vinculados por su conciencia… (CIC #160)

Una conciencia que es libre y responsable de decidir el llamado de Dios a servir, como lo define el CIC:

La libertad es el poder, radicado en la razón y en la voluntad, de obrar o de no obrar, de hacer esto o aquello, de ejecutar así, por sí mismo, acciones deliberadas… La libertad es en el hombre una fuerza de crecimiento y de maduración en la verdad y en la bondad. La libertad alcanza su perfección cuando está ordenada a Dios, nuestra bienaventuranza. (CIC #1731)

Por tal motivo, cuando Dios llamó a Abraham, él le respondió: “Aquí estoy”, tomando este acto consciente y libre, entregándose al servicio de Dios. Y así, cada vez que Dios lo llama lo capacita sacándolo de su tierra, de su familia, despojándolo de sus bienes; porque así es la única manera que Dios pueda actuar en nosotros, sin que nos sintamos atados a nada ni a nadie, siendo libres totalmente material y espiritualmente.

De la misma manera, Dios llamó a Isaac, Jacob, Moisés, Josué, Samuel y a los profetas y cada uno de ellos tuvo esa misma libertad de responder, conscientemente por a la vocación que han sido llamados, al servicio que comenzarían a prestar al pueblo elegido por Dios.

Ésa, es la misma vocación a la que todo Cristiano Católico está llamado a partir del bautismo, ese llamado a ser profetas en nuestra tierra, a ser discípulos de Cristo en el mundo, a ser sacerdotes reales de vida en Cristo, a través del servicio y de la misión que tiene la Iglesia, porque somos parte del cuerpo de ésta.

Por tanto, Dios nos llama desde antes de nacer, lo impregna en nuestras almas a través del bautismo, y nos sigue llamando incansablemente en cada acontecimiento de nuestra vida; y nos capacita para llevar y cumplir la misión a la cual hemos sido llamados. Y en cada momento que nos llama, debemos aceptar libre y conscientemente nuestra opción.

Despedida:

Digamosle “Sí”, de la misma manera que nuestra Santísima Virgen María le dijo “Sí” a Dios, un Sí dejándolo todo y abandonándose en sus Manos y en su Misericordia; digamosle un “Sí” dejando que Él actúe en nuestras vidas y en nuestros corazones, sin condicionamientos ni trancas.

Actuemos con San Pablo Apóstol, que se hizo el mas pequeño en las manos de Dios, tal y como San Pablo mismo lo dice:

…soy el más pequeño de los apóstoles, ni siquiera merezco el nombre de apóstol, ya que yo perseguí a la Iglesia de Dios. Es por la gracia de Dios que soy quien soy… (1 Cor 15, 9-10)

El mismo que persiguió a la Iglesia Cristiana en los primeros tiempo, pero se dejó alcanzar de la Gracia Divina de Cristo, para llevar el mensaje del Evangelio a todos los pueblos, que se dejó amar por el mismo Cristo para ser el mas grande entre los discípulos. Porque, como dice San Pablo:

…El amor es paciente, es servicial, no es vanidoso ni busca aparentar, no es orgulloso ni actúa con bajeza, no busca interés, no se irrita, sino que deja atrás las ofensas y lo perdona, nunca se alegra de la injusticia, y siempre se alegra de la verdad. Todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta… (1 Cor 13, 4 -7)

Por eso, dejémonos amar por Él, hasta el punto de dejar nosotros mismos, entreguémonos por completo a la obra maravillosa de nuestro Padre celestial, para que así:

El mismo amor que llamó y capacitó al Apóstol San Pablo, al punto de convertirlo en mártir de la fe; el Dios que llamó a tantos hombres y mujeres es el mismo ¡Ayer, hoy y siempre! (Hb 13,8) Él sigue llamando, capacitando colaboradores… ¡Y ahora nos llegó el turno! ¡Nos toca a nosotros Voluntarios! (Formación de los Voluntarios a la JMJ Río 2013)

Feliz día para todos! Que la paz y el amor que proviene de Dios Padre, de su Hijo amado Jesucristo nuestro Señor y el Espíritu Santo, nos acompañe siempre en nuestro caminar por este mundo! Y que la Santísima Virgen María, proteja y nos cubra con su manto, para que a ejemplo de ella digamos nuestro SÍ con seguridad y firmeza a Él que todo lo da y todo lo puede!

Un fuerte abrazo de amor y de paz en Cristo Señor y Salvador nuestro a todos!

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