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Gracias Señor por este grandioso día,
Tú nos entregas todo al comenzar tu jornada,
nos amas y nos invitas a seguir tus caminos.

Muchas gracias Señor, porque me has dado vida,
porque me das el aliento para seguir viviendo,
porque me das el aire para poder respirar,
porque me das un corazón que puede palpitar.

En este momento me entrego a ti en cuerpo y alma,
porque se que sin Ti nada soy,
porque se que sin Ti la vida es vacía y oscura,
porque se que sin Ti todo se vuelve amargo.

Hoy se, mi Señor, que estando junto a Ti,
¿quién se volverá en mi contra?
Si Tú desde el principio me has amado y me has perdonado,
¿quién me condenará?

Porque con tu amor entregado en la cruz, me has salvado,
¿quién me separará de ese amor?
Y si yo estoy contigo,
¿qué será de la angustia, la tribulación, la persecución, el hambre, la desnudez?

Porque entregando hasta la última gota de sangre y agua por mí,
¿no seré yo salvo por eso?
Porque por mí quisiste quedarte en un pedazo de pan,
¿no tendré yo vida en Ti?

Por eso, gracias dulce Señor y amado mío,
porque no dudaste vez alguna para darme tu amor y calor,
porque nunca titubeaste al momento de decidir entre Tú y yo,
porque siempre pensaste en mi y no en Ti.

Y es que tu Amor infinito sostiene mi vida y mi mundo,
me hace reconciliar y me transforma,
y en tu presencia estoy,
desnudo y sin ataduras,
libre como me creaste y manso como me pensaste. Amén.

 

Jaculatoria: Yo confío y creo firmemente en Ti, Señor

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