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Preámbulo:

Ya desde hace mas de una semana, todo el mundo (cristiano y no cristianos, católicos y otras sectas y religiones) no ha parado de hablar de la renuncia del Papa Benedicto XVI, renuncia que para muchos es el fin del mundo y para otros es salvación. Inclusive hoy en mi oficina me preguntaron (sabiendo de antemano que voy a Brasil como voluntario de la JMJ Río 2013) si al final vería al Papa porque renunció y si se suspenderá tan magno evento. En fin, tantas cosas que se hablan al respecto…

Reflexión:

Pero la reflexión que quiero hacer acerca de todo esto es (desde un punto de vista un poco fuera de todo porque he estado demasiado ocupado en otras cosas no menos importante de quien dirige Mi Iglesia Católica, pero si de una categoría inferior) la siguiente:

A la edad de 85 años, cualquier persona común (sacando a los sacerdotes, religiosos y religiosas, misioneros y misioneras, consagrados y consagradas a la vida religiosa) a esa edad sólo piensa en estar en casa disfrutando de sus nietos, y quizás de sus bisnietos (aquellos que pueden tener esa oportunidad). Son pocas aquellas personas con 85 años dirigiendo sólo una empresa gigantesca, como por ejemplo HP (por dar un nombre de una empresa), con sucursales en casi todos los países del mundo. Y si llegase a existir una persona común así, no quiere dejar esa empresa en manos de mas nadie, sólo en las suyas.

Pues, tenemos al mejor gerente del mundo en Mi Iglesia Católica, esta misma Iglesia que fundó Cristo en el año 33 aproximadamente, y que es guiada por el Espíritu Santo, sin lugar a dudas. Porque, ¿quién elige a una persona mayor para dirigir su empresa?

Claro, si vemos a la Iglesia como una empresa, ni siquiera muchísimos santos sacerdotes hoy en día estarían en sus puestos de trabajo, estarían jubilados en sus casas esperando el día de su muerte, o quien sabe que otra cosa mas…

Y en vez de ver el trabajo en la Iglesia lo vemos como una labor, ¿por qué no lo vemos como un servicio? Porque si vemos las “obligaciones” en la Iglesia como un trabajo, esperaremos entonces un pago (materialmente hablando) o algún reconocimiento público; pero si viéramos esas “obligaciones” como un servicio que prestamos suceden dos cosas muy importantes y simpáticas:

  1. Las obligaciones dejan de ser obligaciones (y por eso lo colocaba entre comillas), y pasan a ser actividades que realizamos gustosamente porque nos entregamos a ellas por completo, no nos interesaría ningún pago por ello, e incluso, en muchas ocasiones rechazamos el pago.
  2. El trabajo deja de ser pesado y tedioso, como llega a suceder la gran mayoría de las veces en nuestra vida cotidiana, sino preguntemos a aquellas personas que llevan 20 o 30 años trabajando en la misma empresa esperando su jubilación; y pasa a ser una entrega desinteresada y voluntaria a realizar todas las actividades que se presentan.

Entonces, viendo todas estas cosas, desde este punto de vista, nos podemos dar cuenta de muchas realidades que vive Mi Iglesia Católica, y entre ellas la larga vida que ha tenido el Papa Benedicto XVI, un hombre humilde, que en conciencia y en comunicación con Dios, tuvo la valentía y el coraje de darse cuenta que el camino de Mi Iglesia Católica no está en sus manos, se dio cuenta que hay personas mas capacitadas para ejercer el ministerio petrino con nuevas y mejores ideas, se dio cuenta que todo cuento dio valió la pena y que ya no puede dar más (humana y físicamente hablando), que intelectualmente él nos puede seguir enseñando pero con un Papa mas joven al mando de esta barca que está cargada de peces.

El Papa Benedicto XVI está acostumbrado a renunciar, como leí en un post en algún blog, y ahora no está renunciando a un papado (para quienes no sepan, el ministerio petrino es vitalicio, es decir, son Papas incluso hasta después de la muerte), está renunciando a sí mismo, está entregando su vida incluso después de la muerte; porque aquellas personas que no creen lo han estado matan con sus críticas, lo han estado crucificando con sus blasfemias, lo han estado apedreando con sus comentarios mal sanos y que no tienen sentido.

A este gran Papa Benedicto XVI le debemos (por así decirlo) el mas grande gesto de amor que pueda tener una persona hoy en día. Y muchos gerentes de empresas, presidentes de naciones, gobernadores de estados, alcaldes, directores, como lo quieren llamar, que saben que no pueden seguir conduciendo a otras personas, que no pueden seguir dirigiendo a grupos de gente, bien sea por la edad, por discapacidad, o cualquier otra razón; deben tomar en cuenta este ejemplo, deben darse cuenta de la realidad por la que están pasando, deben tomar conciencia que ya no pueden seguir adelante y darle el paso a nuevas personas para que hagan un trabajo mejor.

Despedida:

Realmente, yo como voluntario, quería tener la oportunidad de ver al Papa Benedicto XVI y darle un fuerte abrazo de paz, y decirle que cuenta con un gran número de jóvenes que lo apoyamos y que le ayudaremos a conducir esta barca hacia rumbos de santidad, paz y amor.

Esa santidad, esa paz y ese amor que emanan de un corazón noble, humilde y sencillo como el de aquel gran teólogo que supo decir hasta aquí dan mis fuerzas para seguir adelante, como el de aquel gran ser humano que supo manejar a esta gran multitud de personas que a diario le manifiesta su inmenso amor, a ese gran Pedro que diariamente lanza las redes al mar para pescar nuevos hombres para la santidad.

Dios te bendiga siempre, Su Santidad Papa Benedicto XVI!

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