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Gracias infinitas te doy, Señor Dios mío,
que me has sacado de las tinieblas a tu luz admirable,
porque me has llamado a formar parte de la nueva Jerusalen.

Gracias sin medidas a Ti, Señor del Amor,
que me han bendecido con tu misericordia infinita,
porque me has revestido de justicia y majestad con tu Sangre.

Gracias incontables al Señor, mi Dios omnipotente,
que me ha acogido nuevamente en su casa,
porque en su templo santo, la nueva Jerusalen, me has acogido.

Tú sabes quien soy y a donde voy,
Tú conoces hasta cuanto yo desconozco de mi mismo,
y solamente Tú sabes como vengo ante Ti.

No traigo oro ni tengo incienso,
no traigo camellos ni carneros,
sólo coloco en tus manos mi corazón contrito, humilde y humillado.

Tú lo tienes todo y todo cuanto existe en la tierra te pertenece,
animales, árboles, navíos y toda clase piedras preciosas,
pero nada de eso quieres sino a mí, que soy estimado en nada delante de Tí.

No tengo valor ni dignidad,
no tengo vida ni salud,
sólo tengo un alma que te la debo a Ti.

Porque Tú eres el Señor y Dios de la vida,
porque Tú eres el Señor y Rey del amor,
a ti la gloria, la honra y el honor por siempre. Amén.

Jaculatoria: A ti la gloria por siempre, Señor

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