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Preámbulo:

En esta semana tan especial para los Cristianos Católicos, quería escribir alguna reflexión al respecto, algo de los que muchos no han querido caer en cuenta, y también de algo, que a mi punto de vista, es importante resaltar.

Reflexión:

Primero que nada, esta semana es muy diferente a cualquier otra semana del año, y no porque tenga mas o menos días, porque no es así; sino mas bien porque es una semana donde TODO Cristiano Católico debe respetar como tal, y esta es la Semana Santa. Es una semana donde deberíamos asistir a las actividades de nuestras parroquias, nuestras (Arqui) Diócesis y/o nuestras Conferencias Espiscopales de cada nación.

Y, ¿qué es la Semana Santa? Según la Real Academia Española (RAE), también llamada Semana Grande, es la “última de la Cuaresma, desde el Domingo de Ramos hasta el de Resurrección”. Desglosando un poco la frase, sería algo asi: “Semana: Período de siete días consecutivos que comienza el domingo y concluye el sábado” y “Santo-a: Dicho de una cosa que está especialmente dedicada o consagrada a Dios”.

Por consiguiente, podemos ver claramente que la Semana Santa es una semana que es dedicada a Dios, no es una semana de vacaciones, no es una semana para hacer nada, no es una semana para dormir hasta muy tarde; más bien es una semana de recogimiento espiritual, de salir a llevar la Palabra de Dios, de ser apóstoles de Cristo Jesús, y de asistir a la Gran Eucaristía del triduo pascual.

Y, el Triduo Pascual, ¿Qué es? Vuelvo a citar a la RAE, que dice: “Triduo: (Del lat. tridŭum, espacio de tres días). Ejercicios devotos que se practican durante tres días”, “Pascual: (Del lat. paschālis). Perteneciente o relativo a la Pascua.)” y “Pascua: …fiesta solemne de la Resurrección del Señor…”.

Entonces, el Triduo Pascual viene a ser las Fiesta de las fiestas, la Eucaristía por excelencia, la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, la Institución de la Eucaristía de los Cristianos Católicos, el momento en que Cristo dio cumplimiento a las Sagradas Escrituras y donde termina de instituir el verdadero y único sacerdocio.

Por tanto, este Triduo Pascual (en una opinión MUY personal, y es una forma de ver estos días), viene a ser una sola y única Eucaristía, que dura 3 días. En ella nos damos cuenta y vivimos en carne propia la Pasión y muerte de Cristo en la Cruz, y su Gloriosa resurrección de entre los muertos.

Para aquellas personas que vivimos esta semana como debe ser, recordemos como comienza y como “termina” la Eucaristía el Jueves Santo; inicia como la Eucaristía Dominical común, pero nos encontramos con algunas pequeñas modificaciones, que son:

  1. El lavatorio de los pies: Es tan importante este momento, que hasta a los mismos Apóstoles dejó asombrados, tal como lo narra Juan en su Evangelio: …se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura. Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: «¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?». Jesús le respondió: «No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás». «No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!». Jesús le respondió: «Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte». «Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!»… (Jn 13, 4 – 9). Es el momento donde Jesús les demuestra Su Amor a la humanidad, haciéndose servidor de todos. Es ese momento donde Cristo nos da la mayor enseñanza que cualquier persona pueda tener, y es que sirviendo es que podemos llegar a ser partes de Él en su reino, amando como Él amó (hasta el extremo) es que podemos ser salvados y llevados al Reino de los Cielos.
  2. El traslado del Santísimo Sacramento: este traslado pone una pausa en la Eucaristía del Triduo Pascual, vendría siendo como el final de la Eucaristía del Jueves Santo, y por eso no hay bendición final, porque a partir de este momento, la Iglesia entera queda en un acto de Adoración perpetua hasta las 3:00 pm del Viernes Santo.

El Viernes Santo no hay realmente una Eucaristía, la Iglesia está hundida en el dolor por la muerte de Cristo en la cruz. Esta paraliturgia rompe con el esquema de una. Nos introduce al dolor, a la penitencia, al recogimiento del corazón y del espíritu, como lo veremos a continuación:

  1. El altar está “desnudo” por completo. Se dice desnudo porque no puede haber manteles, ni cruces, ni candeleros o cirios.
  2. Al momento de iniciar, el presidente de la celebración (bien sea el diácono, el presbítero o el obispo) cuando llega al altar se postra en tierra, indicando que debemos permanecer en oración. E inmediatamente al levantarse hace una breve oración (sin decir oremos y con las manos juntas).
  3. Luego se hacen las lecturas como de costumbre.
  4. En la oración de los fieles, hay otro cambio, al terminar cada oración debemos colocarnos de rodillas, y al levantarnos hay una oración. A diferencia de las oraciones de los fieles como se hace diariamente, que se hacen todas las oraciones y al final una oración por todas.
  5. Luego damos parte a la adoración de la cruz, adoración que solo se está en este día, no hay otro día u otra liturgia donde esté esta adoración, y nos hace recordar el madero donde fueron clavados todos nuestros pecados, donde la sangre del Cordero se derramó para darnos una nueva vida.
  6. Luego se viste el altar, rezamos el Padre Nuestro, comulgamos con la Eucaristía que estaba colocado en el momento de la Adoración a Santísimo Sacramento, y al finalizar la comunión, se guarda en un lugar apropiado.
  7. Y por último el presidente celebrante, dice la oración después de la comunión, una oración para el pueblo, y sin bendición salimos en silencio.

El Sábado Santo, no hay ningún tipo de celebración hasta la noche, que se llama Vigilia Pascual. Si en la Iglesia no se celebra esta vigilia no hay ningún tipo de celebración en todo el día.

Y ahora llegamos al momento culmen del Triduo Pascual, llegamos ahora a la Celebración de las celebraciones, al día en que las tinieblas se disipan y le dan paso a la Luz verdadera, a Cristo Jesús Resucitado. Al igual de las 2 celebraciones, ésta también tiene sus modificaciones, que son:

  1. La Eucaristía no comienza dentro del templo, sino fuera de éste para bendecir la luz y el Cirio Pascual, luego se entra en procesión con este cirio y se canta el Pregón Pascual para “terminar” de bendecir el fuego. Aquí no nos persignamos o santiguamos (como muchos dicen) al iniciar, como se haría de costumbre.
  2. Luego vienen las lecturas, que ya no son 2 Lecturas con un Salmo, como se hace en las Eucaristías dominicales, sino que esta Liturgia de la Palabra nos dan un paseo por la historia de la Salvación del pueblo de Israel (pueblo al que Jesús perteneció), y se hacen 7 lecturas (cada una con un Salmo y una oración), al finalizar el séptimo Salmo se canta el Gloria, luego se hace la Oración Colecta, como de costumbre, y seguidamente se hace una Lectura del Nuevo Testamento, se recita un Salmo con Aleluyas intercalado y por último se lee el Evangelio.
  3. Después de la homilía se cantan las letanías y se bendice el Agua Bautismal y/o el Agua Común, se renuevan las promesas bautismales, y la Eucaristía (después de todo esto) continúa como de costumbre, hasta la bendición final.

Fijémonos que la Eucaristía del Jueves Santo comienza como de costumbre y no se imparte la bendición sino hasta la Vigilia Pascual. Por eso yo llamo a este Triduo Pascual como una sola Eucaristía, donde el primer día celebramos la institución de la Eucaristía (valga la redundancia), el segundo día vivimos adoloridos por la muerte de Nuestro Señor, y el tercer día vemos la Gloria de Dios al resucitar a Jesús de entre los muertos.

Despedida:

Espero que esta Semana Santa sea para cada uno de ustedes como realmente es, Santa; dedicada a Dios y al Amor que nos tiene a cada uno de nosotros.

Dios y la Santísima Virgen los colmen de bendiciones, sabiduría y fortaleza para seguir adelante y en los pasos de su Hijo Jesucristo.

Un fuerte abrazo de paz para todos en Cristo Jesús, Señor Nuestro!

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