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Preámbulo:

No hay nada más gratificante que comentar una experiencia bien o mal vivida. Bien vivida para que las personas a nuestro al rededor sepa que sí se pueden hacer las cosas, y si en algún momento les tocara vivir sabrán con que posibles cosas se encontrarán y podrán vivir la experiencia de la mejor manera posible; y mal vivida, para que no caigamos en los mismos errores cometidos, para que tengamos la experiencia de que algunas cosas, no es que no se puedan hacer, sino que ese no es el camino a seguir, y las demás personas aprendan de esos errores también, como una vez me comentó un gran amigo: “sabio es aquella persona que experimenta en cabeza ajena”.

Así que en este post o artículo únicamente escribiré la experiencia vivida en esta Semana Santa, y quizás coloque algunas cosas que ocurren normalmente durante estas fechas en mi país.

Reflexión:

Ante todo, como lo dije en mi post anterior, en El valor de la Semana Santa,  esta semana es (para los Cristianos Católicos) es una semana muy especial, no es igual a cualquier semana del año y que todos nosotros debemos respetar.

Por esa razón no me gusta viajar a ningún lugar, excepto que tenga que ir de misión para alguna parte, pero este año no fue así. Puedo decir que fue una semana realmente santa, la experiencia que se tiene cuando se asiste a la Eucaristía diaria no tiene explicación. En mi opinión, es preferible asistir a la Eucaristía diaria a viajar a algún lugar y quizás no retornar. Son muchos los accidentes en las carreteras nacionales, son muchas las víctimas que quedan en las playas, son muchas las tragedias que se viven en esta semana. Y lo lamentable es que las personas esperan que sucedan este tipo de situaciones para acercarse a la Iglesia. Son muchas las veces que he escuchado “Si me hubiera quedado en la casa y hubiese ido a la Iglesia”, o “Si esto lo hubiera sabido antes no hubiese salido”, y frases así de este tipo llegan a nuestros oídos o las vemos por los medio de comunicación. Y me pregunto, ¿es necesario pasar por ese trago amargo? Definitivamente no.

Una de mis experiencias de esta semana es la del Jueves Santo, es con respecto a la visita de los siete (7) templos. Primeramente, no visité los siete templos, sólo estuve en uno y sólo basto estar en uno. Y es que la visita a los siete templo más que visita a adorar una hora al Santísimo Sacramento en cada templo se ha hecho costumbre visitar una hora a los siete templos. ¿Tiene sentido visitar 7 templos solo para ver un “monumento”? Si vamos con la intención de ADORAR UNA HORA al Santísimo Sacramento, realmente sí tiene sentido, y por más “premios” o “indulgencias” (sí, entre comillas) que la Iglesia nos proporcione por haber hecho eso, la recompensa la tendremos realmente en el corazón; pero si solo vamos a ver que “bonito” quedó el “monumento”, ¿tendrá eso alguna recompensa? Absolutamente no, lo importante no es la visita a los 7 templos en sí, lo importante es ADORAR a Cristo Sacramentado. Y es que vi demasiadas personas visitando el templo y no CONTEMPLANDO o ADORANDO a Jesucristo verdaderamente presente. Otra experiencia fue, un comentario que me hizo una persona al finalizar la Eucaristía de este mismo día que me dijo “Me sentí en el cielo, jamás pensé estar así en una Eucaristía”, y siempre he hecho referencia a ese sentimiento en una Semana Santa. Es vivir mi vida a lado de la persona que es Vida. Y ese comentario realmente me llenó muchísimo, porque realmente valió la pena el esfuerzo de preparar la Eucaristía para que al menos una persona sienta la presencia de Jesús, sienta la presencia de los ángeles de Dios, para que se sienta verdaderamente en el paraíso participando del Gran Banquete Eucarístico.

Luego, el Viernes Santo, una señora dándonos su punto de vista (acerca del momento de la Adoración al Santísimo Sacramento, porque continúa hasta este día) nos recordaba “¿acaso no pueden orar en silencio? Es muy tormentoso intentar hablar con el Señor (Jesús) mientras otras personas hacen oraciones por el micrófono, además la escritura dice que oremos en silencio que nuestro Padre celestial que ve en lo secreto te escuchará”. Y en resumidas cuentas tiene razón, porque no todo oramos de la misma manera, unos lo hacen hablando, otros en silencio, otros contemplando, otros cantando, otros tomando fotos (esta es mi favorita), otros leyendo y otros simplemente molestando (esto no es orar, por si acaso). Y vivir esa Pasión con la que Cristo entregó su vida es una sensación que sólo se puede vivir a través de la fe, vivir la muerte de Cristo y sentirlo en carne propia como si fuera tu propio sufrimiento (y que realmente lo es, porque en esa cruz están clavados todos nuestros dolores, padecimientos, pecados, entre otras cosas) no tiene igual, sentir las veces que lo hemos negado nos hace llorar amargamente, sentir las veces que lo hemos vendido nos rasga el alma en pedazos, sentir que lo hemos abofeteado y que le hemos lanzado salivazos nos hace sentir un dolor muy fuerte, sentir que lo hemos azotado sin piedad nos destroza el corazón.

Y por último, tener sentimientos encontrados, al principio de una austeridad sin precedentes, unas ganas de llorar del alma porque había muerto Nuestro Señor que me amó hasta entregarse por mí en la cruz y pensar en no volverlo a ver más, porque su ausencia es mas que notoria, para luego recibir el Evangelio de que no esta muerto, que se ha levantado de la tumba y que vive en medio de nosotros, que podemos tocar su costado y meter nuestros dedos en sus manos (como tuvo que hacerlo Santo Tomás), es una sensación sin palabras. Eso fue lo que realmente sucedió en la Vigilia de Resurrección del Sábado de Gloria. Haber estado toda la mañana con un sentimiento muy profundo en el corazón de tristeza, de dolor, de sufrimiento que no es fácil de explicar, y sólo aquellas personas que han perdido a una persona a quienes amaban con el alma pueden saber del dolor que intento explicar, es como si el corazón se rompiera en millones de pedazos por la muerte de Aquel que nos da la vida constantemente, de Maestro que en cada momento nos enseña, a través de su Palabra, lo importante de la vida; y luego llegó la alegría, llegó el Evangelio y todo cuanto Cristo no había estado enseñando, se cumplió, y todo cuanto estaba escrito se hizo realidad en Él, porque verdaderamente ha resucitado de entre los muertos, porque con su muerte venció la muerte, porque con su vida nos dio nueva vida en Él, porque resucitando restauró al mundo del pecado, porque rompió las cadenas de la esclavitud con su Vida Gloriosa, porque se hizo luz para vencer las tinieblas.

Despedida:

Así que, sigamos adelante. ¡Cristo ha resucitado! ¡Realmente ha resucitado! Es de hombres caer y es de Cristianos levantarnos, pedir perdón, levantarnos y seguir adelante. Y como dice nuestro Papa Francisco “Cristo no se cansa de perdonar, somos nosotros quienes nos casamos de pedir perdón”. No nos cansemos de pedir perdón, porque sólo así nos podremos levantar de todas las caídas que tengamos.

Dios y la Santísima Virgen los colmen de bendiciones, sabiduría y fortaleza para seguir adelante y en los pasos de su Hijo Jesucristo.

Un fuerte abrazo de paz para todos en Jesucristo Resucitado, Señor Nuestro!

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