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Preámbulo:

Me parece muy oportuno escribir en esta oportunidad acerca de este mes que, prácticamente, es dedicado exclusivamente a las madres en general, y de manera muy especial a nuestra Madre del Cielo, la Santísima Virgen María, que es Madre de Dios y Madre de nosotros, en un sentido real y verdadero.

Reflexión:

Y es que desde un principio, Dios quiso que la redención del mundo a través de la Santísima Virgen:

…Y el Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Ella te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón… (Gn 3, 14 – 15)

A partir de este momento se está prefigurando a una mujer donde el mal no podrá contra ella, no sucumbirá contra sus acechanzas. La expresión “ella te aplastará la cabeza y tu le acecharás el talón” indica eso precisamente, mientras el mal buscará siempre hacer caer a la mujer ella estará pisoteando sus pensamientos, estará siempre un paso adelante y así no caerá de nuevo en la tentación.

Y, ¿Por que le decimos Madre de Dios? ¿Acaso Dios no existía ya en un principio? ¿Cómo pudo engendrar ella algo que ya existe? Para nosotros los Cristianos en general existe un único y verdadero Dios en tres personas diferentes (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Obviamente no puede ser la Madre del Padre, de quien la creó, y naturalmente no es la Madre del Espíritu Santo, sino mas bien es la Madre del Hijo, Jesucristo, que a su vez Él también es el Hijo de Dios, y cabe resaltar que es un unión perfecta todo cuanto resulta del Hijo de la Santísima Virgen con Dios Padre. Él viene a ser el único ser que tiene 2 condiciones en un sólo ser; condición humana porque fue engendrado, no creado (como lo recitamos en el Credo Nicenoconstantinopolitano), y condición divina porque fue engendrado por Dios Padre, quiso crearlo desde el principio, quiso que naciera de una mujer, de esa mujer que dijo un sí definitivo y rotundo:

…el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: ¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo. Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin. María dijo al Ángel  ¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?. El Ángel le respondió: El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios. María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho… (Lc 1, 26 – 38)

No vemos por ninguna parte que el padre de Jesús es San José, ni ningún otro hombre, dice muy claramente: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti…”; y dice también: “…el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios…”, nombre que se nos da a todas las personas a partir del bautismo, pasando a ser hijos adoptados de Dios, pero sólo Cristo es Hijo engendrado por Dios. Así, Cristo llega a ser el puente entre la humanidad (que es una sola) y la divinidad (que también es una sola); y todo eso es gracias a sí de María Virgen, a través de ella nace el redentor del hombre.

Ahora, ¿Por qué decimos que es nuestra Madre del Cielo? Si Dios Padre nos adoptó como sus hijos a través del bautismo, ¿Cómo entonces somos hijos de María? Las respuestas a estas preguntas las podemos encontrar en el Amor tan grande que tenía Cristo por todos nosotros, porque sabiendo que ya estaba llegando el momento expresó:

…Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba, Jesús le dijo: Mujer, aquí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo: Aquí tienes a tu madre. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa… (Jn 19, 25 – 27)

No sólo quiso morir por nosotros en la cruz, no sólo demostró su amor entregando su vida por ti y por mí en el Calvario; su Amor para con nosotros va mas allá de cualquier cosa, y no sólo se entregó a Sí mismo sino que nos dejó a su Madre para que nos cuidara y nos guiara, para que no nos perdiéramos en este mundo sino para que junto a ella podamos llegar a Él.

Quizás esto no le agrade mucho a algunos de los Cristianos no Católicos, pero ¿Por qué Cristo le entregó a su madre al discípulo? ¿Que papel jugaría la Virgen María junto a ellos? Esta entrega de María Virgen no puede ser otra cosa sino para la protección de su Iglesia Santa, no es más que para ella interceda por cada uno de nosotros a Cristo su Hijo y a Dios Padre, porque ¿Qué no haría un hijo por su madre? ¿Qué no haría un esposo por su esposa? ¿Qué no haría una madre por sus hijos y por su marido?

En definitiva, Cristo nos ha dejado a cargo de su Madre, para que podamos pedirle a ella como hijos suyos que somos, para que interceda por nosotros ante Jesucristo; y nos ha entregado a ella para que nos cuide y proteja en nuestras vidas y en nuestro caminar por este mundo.

Despedida:

Pidamos pues, en este mes tan especial dedicado a las madres y en especial a la Santísima Virgen María, por todas esas mujeres valientes que están solas llevando su hogar adelante, por todas aquellas mujeres luchadoras que no descansan por el bienestar de su familia, por todas aquellas mujeres que engendran a su vez a otras personas para el continuo crecimiento de la humanidad, por todas aquellas mujeres valientes que dan sus vidas día a día en este mundo.

Dios y la Santísima Virgen los colmen de bendiciones, los guíen por el camino del bien, los llenen de amor fraterno, los acompañen siempre en su caminar y los hagan hombres y mujeres de amor, paz y fraternidad.

Dios les bendiga hoy mañana y siempre.

Un fuerte abrazo de paz y amor en Cristo Jesús, Salvador nuestro.

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