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Preámbulo:

Después de un largo tiempo sin escribir en mi blog, me vi en la necesidad de escribir sobre este tema, la Humildad, porque son acontecimientos que me están sucediendo en este momento y siempre es bueno recordarlo, principalmente por mí mismo, para mi propio crecimiento personal, también para aquellas personas que no tienen realmente lo que significa ese estilo de vida.

Reflexión:

Comienzo por definir esta palabra según la Real Academia Española (RAE), para poder desarrollar así este tema:

Humildad (Del lat. humilĭtas, -ātis). Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento.

Y según Wikipedia.org, esta palabra significa:

Humildad: El término deriva del latín «’hŭmĭlĭtas, ātis, f. humilis’», que se traduce no solamente como humildad sino también como bajo o de la tierra y humus, ya que en el pasado se pensaba que las emociones, deseos y depresiones eran causadas por irregularidades en las masas de agua. Debido a que el concepto alberga un sentido intrínseco, se enfatiza en el caso de algunas prácticas éticas y religiosas donde la noción se hace más precisa.

Y es bastante interesante el origen de la palabra, del latín humilis, proveniente de la palabra “humus”, que según la RAE significa:

humus. (Del lat. humus). Capa superficial del suelo, constituida por la descomposición de materiales animales y vegetales.

Y ésta a su vez hace derivar a la palabra homo que según Wikipedia.org significa:

Homo (palabra que en latín significa hombre, humano)

O en la RAE, el significado de hombre es:

hombre. (Del lat. homo, -ĭnis). Ser animado racional, varón o mujer.

Viendo estas dos definiciones podemos deducir, que la humildad no tiene que ver con posición económica ni posición social, como lo hacen ver muchas personas, más que todo tiene que ver con el mismo ser, con la humanidad, con el origen de nosotros, las personas.

Una definición propia sería: Reconocer que somos del polvo y no somos más que eso, conocer y entender que no somos más ni menos que nadie, pero que sí necesitamos de los demás.

Y en sí, eso es lo que necesitamos ser; rebajarnos, no en señal que no valgo nada, sino como signo de que no somos capaces de hacer todo. Pero así como somos capaces de reconocer que no lo podemos todo, reconocer también que las demás personas necesitan de nosotros, y es nuestra obligación, como Cristianos, o simplemente como seres vivientes de este mundo (sin importar la religión) hacer del otro una vida mejor.

Entonces, el humilde no es aquella persona que duerme debajo de un puente, eso es ser indigente, o es ser pobre económicamente; el humilde es aquella persona que a pesar de tener o no tener riquezas, es capaz de ayudar a los demás desinteresadamente, porque sabe que esa otra persona necesita de él; el humilde es aquella persona que es capaz de aceptar sus errores sin culpar a los demás y enfrentar las consecuencias de lo cometido; el humilde es aquella persona que no se vanagloria de las cosas hechas por los demás; el humilde es aquella persona que sin decir nada hace aquello que debe hacer sin que las demás personas lo sepan.

El mejor ejemplo de humildad lo encontramos en unos de los relatos (a mi parecer) más amoroso que Jesús haya podido hacer con nosotros:

…Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura. Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: «¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?». (Jn 13, 2 – 6)

Además, Jesús nos dejó algunas formas de practicar la humildad:

…Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver”. Los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?”. Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. (Mt 25, 31 – 40)

Y un ejemplo hoy en día, y que todos podemos palpar diariamente es la vida del Papa Francisco, llamando a la sencillez, pero también siendo sencillo, dejando los “lujos” a un lado para vivir humilde y penitente. Sí, “lujos” así, entre comillas, porque nada cuanto posee le pertenece.

Despedida:

Por eso mis amados hermanos y hermanas en Cristo, vivamos sencillos y humildes en la vida, no nos dejemos llevar por el triunfalismo, por la posición económica y/o social que podamos tener, por lo que dicta la sociedad o por la soberbia. Vivamos pacíficamente y llevemos en nuestros corazones la llama del Espíritu Santo encendida, avivemos nuestra fe cada día más, esperanzados en Cristo que nos ha elegido para ser parte de su Pueblo Santo.

Que Dios y la Santísima Virgen María, madre de Dios y madre nuestra, nos colmen de bendiciones, sabiduría, paz y amor; y que haga de cada uno de nosotros vivir en la humildad que tanto los caracteriza a ellos.

Un fuerte abrazo de amor y paz en Cristo Jesús, Señor nuestro.

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