Etiquetas

, ,

Preámbulo:

Ya una vez escribí un artículo acerca del amor y su diferentes formas de amar, que se titula ¿Que es el amor? Y allí explicaba todas las formas de amor que podemos conseguir en nuestro día a día. Y resulta que en mi viaje para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) compré un libro (en portugués, por si alguien o quisiera leer) del Padre Marcelo Rossi, que se titula Ágape.

Y de hecho, esta reflexión que quiero dejarles aquí viene dada por la lectura de ese libro, de algunas ideas que me vinieron a la mente al terminar de leer ese texto tan enriquecedor. También quisiera dejar plasmado algunos acontecimientos, como ejemplos, que sucedieron en la JMJ de Río de Janeiro, o que pude palpar durante mi estadía en esa ciudad.

Reflexión:

Primeramente, el Padre Marcelo habla en el libro únicamente sobre el Ágape, sobre ese amor desbordante y desinteresado, sobre ese amor que solo proviene de Dios, que por nosotros mismos no nos es posible llegar a ese amor supremo.

La Biblia es una carta de amor que el Señor nos envió. Y cuando amamos e somos amados, es siempre bueno leer, releer la carta que nos fue enviada.

La Biblia es Ágape. Es el amor escrito para que sea vivido.

El Ágape es ese amor que no es interesado, ni es mezquino. El Ágape es una entrega total a los demás sin imposición y voluntaria:

El amor no es una imposición intrusa, externa. Es una condición propia del hombre. El amor anima, es esto, da alma a la existencia humana. El amor le trae significado a la vida… El Ágape es divino. Es amor que no exige retribución. Es puro. Es libre.

En mi caso, sentí el Ágape más fuertemente cuando nos recibieron a todos los voluntarios en Río de Janeiro, fue una acogida muy especial; y mi caso en particular, en la Parroquia San Antonio de Agua Santa.

Vivir el Ágape en una comunidad de personas de diferentes partes del mundo, donde no todos hablábamos el mismo idioma, donde muchos se interesaban en aprender el idioma de los demás para comunicarnos, donde la receptividad de las personas que vivían allí fue especial, donde se preocupaban porque no llegábamos o porque no salíamos a tiempo, donde llegaban a muy tempranas horas para darnos de desayunar o para indicarnos que rutas de autobuses tomar.

El Ágape fue ese amor que nos impulsó; a la mayoría de los voluntarios, para no decir que todos; a servir a nuestros hermanos y a vivir a plenitud de la JMJ. Dejando nuestros hogares por y para Cristo:

Señor, hazme un instrumento de tu paz.

Donde haya odio, que yo lleve tu amor.
Donde haya ofensa, que yo lleve tu perdón.
Donde haya discordia, que yo lleve unión.
Donde haya dudas, que yo lleve la fe.
Donde haya error, que yo lleve la verdad.
Donde haya desespero, que yo lleve la esperanza.
Donde haya tristeza, que yo lleve la alegría.
Donde haya tinieblas, que yo lleve la luz.

Maestro, haz que busque más:

Consolar que ser consolado;
comprender que ser comprendido;
amar que ser amado. (San Francisco de Asis)

Ésto es el Ágape, dejar absolutamente todo atrás, abandonar mis prioridades, mis necesidades, mis planes, mis metas para aceptar las prioridades, las necesidades, los planes y las metas de Dios.

Y no hay mayor recompensa que ver la cara de alegría y felicidad de las demás personas cuando no saben llegar a un lugar y se le explica como llegar, cuando una persona tiene frío y se le da algo para cubrirse, cuando alguien no tiene una moneda para pagar el transporte y se le regala esa moneda, cuando alguien tiene hambre y se le regala ese plato de comida, cuando quieren ver a alguien importante y se le anima para que siga en pie esperando a que llegue esa persona y la ve, cuando están triste y con un simple gesto le devuelves la sonrisa a su alma.

El Ágape es el amor que Dios nos coloca en el corazón, y por el cual somos capaces de hacer millones de cosas por las demás personas, conocidas o no.

Ver a tantas personas felices, por el solo hecho de haberlas visitado, y queriendo darnos las mayores de las atenciones posibles, con tan pocos recursos, es algo que no se compara con nada. Eso es el amor de Dios que está en sus corazones y en el nuestro. Eso es el Ágape. Eso es la JMJ.

Y es así, ver como las personas se ayudan unas a otras, desde el Papa Francisco hasta los voluntarios:

Quien tiene el poder, de hecho, es aquel que tiene el poder de servir… Jesús nos enseña a reconocer nuestra condición de seres limitados. No hay hijo de Dios de primera ni de segunda categoría. No hay viajeros, en la carrera de la vida, de clase ejecutiva o económica. Todos somos hecho del mismo barro, de la misma condición humana, de los mismos riesgos de pecado y de las mismas posibilidades de santidad.

Un verdadero líder no usa el poder para provecho propio, no ostenta el cargo que tiene, porque todos los cargos son pasajeros

E incluso hasta los peregrinos se ayudaban unos a otros.

El Ágape es aquello que nos hace buscar y encontrar la armonía entre las personas. Es el signo inefable e inequívoco del amor de Dios en nuestras vidas, en nuestro ser, en nuestra alma. Es aquello que nos mueve a hacer las cosas de bien para los demás. El Ágape es Dios mismo presente en nosotros.

Despedida:

No dejemos que ese amor muera dentro de nosotros. No hagamos que el amor de Dios que está en nuestra alma desaparezca. Avivemos ese Ágape que todos llevamos dentro.

Transmitamos, comuniquemos e insertemos el Ágape en todas las comunidades donde vamos, bien sea en la escuela, en el trabajo, con amigos, con los hermanos, en las Iglesias.

Y que el amor de Cristo, que sobrepasa todo límite, esté siempre con todos nosotros, que nos ayude a seguir este caminar por la vida y que nos de la gracia de vivir eternamente junto al Padre.

PD: Todas las citas que coloqué en este artículo son del libro del Padre Marcelo Rossi, titulado Ágape.

Anuncios