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Preámbulo:

Tenía tanto tiempo sin escribir por tantas ocupaciones que he tenido en estos últimos meses. El trabajo y los compromisos han copado mi tiempo, aunque no han copado mis ganas de escribir y expresar todo aquello que pienso.

En esta ocasión, escribiré acerca de algo relacionado a un tema del cual ya había escrito hace casi un año, y es del tema de “halloween“, pero en esta ocasión será en un enfoque diferente.

Reflexión:

Y si nos fijamos en la traducción de esta palabra (que proviene del inglés), es noche de brujas. Y me pregunto, ¿por que los “cristianos” celebramos este día?

Muchos lo hacen por ignorancia, porque desconocemos realmente nuestra Revelación Cristiana; otros personas lo hacen por moda, porque como en X parte lo festejan, nosotros también lo debemos festejar; otros lo hacen porque sí creen en las brujas y a quienes realmente sirven, que no es al verdadero Señor.

De allí viene el título de este artículo “El Señor es uno sólo…”, tal cual lo dice el libro del Deuteronomio en la Biblia:

Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Graba en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy. Incúlcalas a tus hijos, y háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas de viaje, al acostarte y al levantarte. Átalas a tu mano como un signo, y que estén como una marca sobre tu frente. Escríbelas en las puertas de tu casa y en sus postes… (Dt 6, 4 – 9)

No existe otro dios fuera de Él, y sólo a Él debemos adorar y dar culto. Dios nos amó primero. El amor del Dios Único es recordado  en la primera de las “diez palabras”  donde está explicito la respuesta de amor que nosotros debemos estamos llamados a darle. (cf CIC #2083b).

Ese amor que fue entregado a nosotros en el principio al crear el mundo, y en cada parte de las Sagradas Escrituras se nos muestra un Dios amoroso, un Dios que reprende pero no es vengativo, un Dios que enseña y corrige pero no castiga, un Dios que siempre está buscando su pueblo descarriado, un Dios que quiso quedarse para siempre en medio de nosotros por medio de un pacto sin fin (en la Eucaristía) (cf Mt 26, 26 – 28; Mc 14, 22 – 24; Lc 22, 17 – 20); un Dios que decidió entregar su vida en una cruz por cada uno de nosotros (cf Mt 26 -27; Mc 14 – 15; Lc 22 – 23; Jn 18 – 19).

Pero, ¿como debemos dar respuesta a ese amor incondicional? Jesús resumió los deberes del hombre para con Dios en estas palabras: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (cf CIC #2083a). Aquellos deberes que encontramos en el libro del Éxodo:

Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar en esclavitud. No tendrás otros dioses delante de mí. No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas. No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto, porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos. No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano. Acuérdate del día sábado para santificarlo. Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas; pero el séptimo es día de descanso en honor del Señor, tu Dios. En él no harán ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el extranjero que reside en tus ciudades. Porque en seis días el Señor hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, pero el séptimo día descansó. Por eso el Señor bendijo el día sábado y lo declaró santo. Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una larga vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te da. No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás falso testimonio contra tu prójimo. No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni ninguna otra cosa que le pertenezca… (Ex 20, 2 – 17)

Estas palabras que nos llevan a la convivencia con Dios y con el próximo de manera armoniosa. Aunque Jesús nos muestra una manera mas sencilla de entender todo esto, nos presenta un plan de vida y de salvación:

“Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron… (Mt 5, 3 – 12)

Esta manera sencilla damos respuesta a ese Amor incondicional de Dios; con esta manera sencilla de vida, no sólo damos una respuesta de amor a Dios, sino que siguiendo esos pasos tenemos asegurado el Reino de los Cielos. Reino de paz y de amor, Reino que le pertenece y donde viviremos realmente felices.

Y, aunque aseguramos que hay un sólo Dios, a quién debemos adorar, realmente no lo hacemos, porque endiosamos cualquier cosa, colocamos como dios entre nosotros y al Dios único a cosas que no tienen sentido verdadero, a cosas materiales, a cosas de este mundo, o no sólo a cosas, también a personas.

Despedida:

Por tanto, miremos siempre hacia el único Dios y Señor que habita entre nosotros, el único y verdadero Dios de Amor y de Paz. No coloquemos a nada ni a nadie entre Él y nosotros, dejémonos llevar por su Palabra.

Dios y la Santísima Virgen María nos acompañe siempre en esta labor tan importante, nos guíen y nos colmen de sabiduría, fortaleza y amor infinito.

Un fuerte de abrazo de amor y paz, en Cristo Jesús para todos.

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