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Decían que Bernabé era el dios Júpiter y Pablo era el dios Mercurio… Porque aquellos que no han visto a Dios, aquellos que no han escuchado a Cristo, aquellos que no han tenido una experiencia de vida con el Espíritu Santo y no lo buscan de corazón, cualquier persona es un dios para nosotros.

Y no sólo cualquier persona, hacemos de cualquier cosa un dios (un carro, una posición económico-social, algún animal), y eso sucede porque no conocemos a Cristo Jesús, Señor y Salvador nuestro. Porque no hemos querido experimentar el Amor infinito que nos tiene y no queremos vivirlo en nuestros corazones.

Como decía San Juan Pablo II, no tengan miedo de seguir a Cristo; no tengamos miedo, no sólo de seguirlo, sino de vivirlo y de amarlo en nuestras vidas y en nuestros corazones.

Por tanto, seamos verdaderos Cristianos, amando la Palabra hecha carne, amando su vida e imitandola, para que al final de la vida, estemos en las moradas eterna que nos tienen preparada Dios Padre y Cristo Jesús.

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