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El mundo los odia porque no son del mundo, pues, Yo los he separado del mundo… Porque nos ha hecho parte de su pueblo santo, por medio del bautismo nos ha insertado en su Santidad, no ha excluido de un mundo lleno de maldad.

Por eso, revertidos del Espíritu Santo, que es la Armadura Celestial para combatir el mal, luchemos por las cosas eternas y no por las pasajeras.

Invoquemos siempre a ese Espíritu que se nos ha dado para poder mantener la fe, la esperanza y el amor que provienen de el único y eterno Dios, quién nos quiere mantener en Sí mismo con su amor inagotable.

No demos cabida a las cosas terrenales, no demos paso al pecado, no demos oportunidad a ser tentados, pues, no somos seres terrenales mas bien, somos seres celestiales viviendo momentáneamente en este mundo.

Por tanto, amados hermanos, vivamos como Dios nos ha llamado a vivir, a ser santos como el Padre es Santo, a ser uno con los demás, así como el Padre y Cristo son uno, a amar a todos así como Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo nos aman sin cesar.

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