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En realidad, Dios, no está lejos de nosotros, ya que en Él vivimos, nos movemos y somos… En Él vivimos, porque nos ha entregado en Espíritu Santo y mediante Éste vivimos en la Jerusalén Celestial, mediante Éste vivimos en el amor infinito de Dios, mediante Éste vivimos como hijos verdaderos de ese Dios que fue capaz de entregar la vida de su Unigénito por nuestra salvación.

En Dios nos movemos, porque Él está en medio de nosotros, nos ayuda constantemente a seguir adelante, nos hace capaces de lograr aquello que necesitamos, porque por Él todas las cosas tienen su propósito, porque de Él viene todo movimiento voluntario e involuntario, porque Él nos ama infinitamente y quiere que todas las cosas, todos los seres, toda la humanidad se manifieste en su amor, porque Él quiere que vivamos en Él mismo por siempre.

Y en Dios somos, por Él hemos nacido, ha tenido tanto amor para con nosotros que nos ha dado la oportunidad de que existieramos para que busquemos esa llama de amor que nunca se acaba, para que contemplando su grandeza y su fuerza comprendamos que nos ha creado por y con amor, un amor que no tiene limites, un amor que perdona sin limites, un amor que abraza para que nuestro corazón arda pero sin consumirse.

De tal modo, que Dios ha querido vivir en nosotros para que lo sintamos tal cual es Él, que Dios ha querido ha querido darnos la capacidad de movernos para que podamos llegar a Él, que Dios ha querido que seamos para sintamos el amor que Él tiene para con nosotros y nos salvemos.

Por tanto, amados hermanos, vivamos en Dios, movámonos por la gracia de Dios, y seamos con el amor de Él para que así tengamos la fortaleza de proclamar y llevar en nuestros corazones y en nuestras vidas ese amor que tanto buscamos y deseamos, el amor de Dios, Señor nuestro.

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