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Jesús levantó los ojos al cielo y oró al Padre… Porque la oración es el alimento del alma, oró para darle gloria a Dios Padre, oró porque ama al Padre, oró porque ama a la humanidad y quiere su salvación.

Porque en la oración está el camino a la santidad, porque en la oración nosotros encontramos la fuerza necesaria para vencer al mal, porque la oración es la necesidad de nuestra alma para comunicarse con Aquel quién da la vida eterna, porque en la oración encontramos el verdadero amor, que es Cristo Jesús, Señor y Salvador de todos nosotros.

Por tanto, oremos incesantemente al Padre, alabemoslo en todo momento, cantemosle siempre con el alma. Él siempre estará con nosotros, siempre nos estará escuchando nuestro corazón y nuestras suplicas, siempre estará atento a nuestras peticiones.

Y así como no debemos dejar de orar, de conversar con Dios, no dejemos tampoco de escucharlo, no dejemos de prestarle atención a aquello que nos dice y nos manifiesta, porque su Palabra se cumple y se manifiesta todos los días, porque su Palabra es acción y mueve todas las cosas.

Por tal motivo, amados hermanos, vivamos sumergidos en la oración constante a Dios, escuchemos su Palabra y pongamos en práctica todo aquello que nos dice.

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