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Hay más felicidad en dar que en recibir… Si el que recibe se alegra de una manera extraordinaria, como no se alegrará el que da cuando observa la alegría de la otra persona? Cuando damos a los demás de corazón, el gozo que se experimenta en nuestra alma sólo viene de Dios, sólo puede compararse con el gozo de la Vida Eterna.

Si queremos experimentar esa felicidad, tenemos al mejor Maestro que nos enseña: Cuando des limosna no hagas tocar la trompeta por delante, sino que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; y también nos dice en una parábola: vengan porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, era emigrante y me hospedaron, estaba desnudo y me vistieron.

Simplemente, la alegría que viene de Dios no está en recibir, está en dar aquello, incluso, lo que no tenemos. La alegría que viene de Dios es el amar a los demás y no en amarse uno mismo. La alegría que viene de Dios es hacer feliz al prójimo. Porque sí nosotros habemos el bien, los beneficiados seguimos siendo nosotros.

Por tanto, amados hermanos, demos a los demás sin medida, entreguemos nuestra vida por la construcción del Reino de Dios, sigamos la Palabra que se nos ha enseñado y vivamos según es Ella, porque nuestro Padre que está en lo escondido te recompensará siempre.

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