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Sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo… Es ese mismo Espíritu del que decimos en el Credo, que proviene del Padre y del Hijo, que es producto del Amor entre ellos y es a su vez fruto del Amor que Ellos le tienen a la humanidad. Es ese mismo Espíritu que recibimos en el Bautismo y que nos perdona nuestro pecado. Es ese mismo Espíritu que se nos entrega en la confirmación y nos regala sus dones.

Es el Espíritu Santo quién habla por medio de nosotros mientras anunciamos la Buena Noticia, es por medio de su fuerza y de sus dones que somos capaces de experimentar el gozo y la alegría de vivir en la Tierra Prometida desde ya en este mundo.

Por tanto, amados hermanos, no dejemos ir al Espíritu Santo de nuestros corazones, al contrario, abramosle las puertas para que avive y mantenga en nosotros el deseo de seguir viviendo la vida eterna, de seguir amando al prójimo, y de seguir una vida santa a los ojos de Dios.

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