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El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un sólo cuerpo (1 Cor 10, 17)… Formamos el cuerpo de la Iglesia, cada uno de nosotros somos un miembro importante de ese cuerpo eclesial, a quién Cristo Jesús le entregó su cuerpo y su sangre para nuestra salvación.

Nos ha entregado su Cuerpo, el nuevo maná bajado del cielo, pan vivo y verdadero, mediante el cual las personas llegan a la vida eterna, nos ha entregado su Cuerpo en el Pan Eucarístico, en el Pan consagrado para la salvación de la humanidad.

No sólo nos ha entregado su Cuerpo, también nos ha dado su Sangre que ha sido derramada en la cruz para redimirnos de nuestros pecados, nos ha dado su Sangre, bebida de eterna salvación.

Por tanto, amados hermanos, Cristo Jesús ha entregado su Cuerpo y su Sangre para que tengamos vida en abundancia, ha entregado su Cuerpo y su Sangre para que vivamos en Él y Él viva en nosotros, nos ha dejado el alimento Eucarístico para que así formemos un sólo cuerpo, la Iglesia Universal, nos ha dejado el alimento de vida eterna, nos ha dejado el alimento del Amor de Dios.

Por eso, no dejemos de alimentarnos de Él, no dejemos de visitarlo, no dejemos de acercarnos a Él, quién es el camino la verdad y la vida, el camino a la santidad, la verdad de la Palabra de Dios, y la vida eterna en Dios Padre.

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