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No juzguen y no serán juzgados (Mt 7, 1)… Porque aquel que ama al prójimo no lo condena, mas bien lo justifica y lo ayuda a seguir adelante; porque aquel que busca la verdad, aquel que busca al verdadero amor, que es Cristo Jesús, no señala a ninguna otra persona para juzgarlo sino al contrario, busca que esa otra persona sea cada vez mejor, ayudándolo a corregir sus fallas.

Cristo no vino al mundo a condenar al mundo, Él vino a justificar al hombre, vino a entregar su amor por nosotros, vino a dar su vida para la salvación de cada uno de nosotros; Él no vino a juzgarnos, no vino a decir que estamos condenados, vino a mostrarnos con su vida como tendríamos que vivir.

Por tanto, mis amados hermanos, sigamos los pasos de Cristo Jesús, salvador nuestro, quién por amor nos redimió con su Sangre derramada en la cruz, quién con su Cuerpo entregado en la Eucaristía nos abre las puertas del cielo, y quién nos justifica constantemente frente al Padre por nuestras almas.

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