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Por sus frutos los conocerán (Mt 7, 16)… Porque del corazón salen las acciones de las personas, porque de un corazón noble y humilde no sale ninguna maldad para con los demás, y de la misma dónde hay un corazón soberbio y obstinado no saldrá otra cosa para los demás que rencor y resentimientos.

Cristo vino al mundo a enseñarnos como debemos vivir, vino a enseñarnos la ley y a perfeccionarla, para que todo hombre tenga acceso al Reino de los Cielos, para enseñarnos que en las cosas sencilla se encuentra la verdadera grandeza de la creación.

Si tenemos un corazón obstinado, triste, soberbio, dejemonos encontrar por Cristo Jesús, quién es capaz de transformar nuestras vidas vacías y desabridas en vidas llenas de alegría, con luz y con sabor, mediante Él podemos dar abundante fruto bueno, podemos ser hombres y mujeres capaces de darle luz a aquellas personas que no la tienen, somos capaces de darle sabor a la vida de los demás.

Por tanto, amadísimos hermanos, no dejemos de buscar a nuestro Señor y Salvador, no dejemos de encontrarnos con el Autor de la vida, con Aquel que tiene la verdadera capacidad de transformar los corazones de nosotros, para que podamos dar frutos según la voluntad del Padre, según su amor y sus mandamientos.

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