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Jesús le respondió: Tú, sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos (Mt 8, 22)… Porque la palabra de Jesús es vida en abundancia, todo aquel que no escucha la Palabra de Dios y no la medita en su corazón vive en este mundo y permanece en este mundo, en cambio, aquel que escucha la Palabra de Dios vive en este mundo pero como si no fuera de este mundo.

Aquel que verdaderamente escucha la Palabra de Dios, y tiene un encuentro real con Dios, degusta la vida eterna en la tierra, vende todo cuanto tiene y sigue a Cristo, porque sabe que nada se compara a ese sabor dulce del Amor que proviene de Dios, sabe que después de este mundo tendrá vida en abundancia, sabe que estará con ese Amor cara a cara contemplandolo.

El seguir a Cristo, escuchandolo y dejandolo todo por Él, tiene su recompensa en la vida eterna, seguir sus enseñanzas es una preparación para llegar a la meta, de la que San Pablo explica, que así como los corredores se entrenan para la competencia, así mismo el cristiano se entrena para poder adquirir la corona que nunca se marchita, ese entrenar del cristiano es escuchar la Palabra de Dios, meditarla en el corazón, colocandola en práctica y siguiendo a Cristo.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, sigamos todos los días a Cristo Jesús y dejemos a un lado las cosas de este mundo, vivamos constantemente buscando las cosas celestiales, dejemonos guiar por esa Palabra que alimenta el espíritu siguiendo a Aquel que fue capaz de entregar su vida derramando su Sangre por nosotros en la cruz, amandonos hasta el extremo y liberandonos de la esclavitud del pecado.

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