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Yo no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores (Mt 9, 13)… A esas personas que todos deprecian, a esas personas que todos señalan, a esas personas que están alejadas de Dios.

Cristo ha venido a entregar su vida por aquellas personas que vivimos hundidos en el pecado, ha venido para sacarnos de la miseria dónde estamos, ha venido para purificar nuestras almas con su Sangre, ha venido para darnos la dignidad de ser hijos de Dios y para justificarnos ante Él, ha venido para purificar nuestros corazones y transformar nuestras vida en alegría, en esperanza y en amor.

Jesús mismo, entregando su Cuerpo y derramando su Sangre, nos ha enseñado como es el verdadero amor, como es su amor por nosotros, y como debemos amar a los demás.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, aprendamos a reconocernos pecadores, aprendamos a humillarnos delante del Señor y dejemos que Él entre en nuestras vidas para que pueda ser de nosotros personas dignas de estar delante de Dios.

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