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El vino nuevo se echa en odres nuevos (Mt 9, 14)… Ese vino nuevo es quién transforma y renueva, pero los odres viejos no se dejan transformar, los odres viejos no quieren renovar su vida.

Ese vino nuevo, ese vino recién sacado del lagar es Cristo Jesús, que quiso venir para renovar esos odres olvidados, esas vasijas llenas de pecado.

Esos odres somos cada uno de nosotros que, si nos dejamos transformar por la Sangre de Jesús, seremos esos odres que conservan el vino nuevo que se nos da todos los días en la Eucaristía, seremos esa vasija que Cristo mismo va moldeando en cada momento.

Por tanto, mis amados hermanos, no seamos esos odres viejos que no se dejan renovar por la Sangre de Cristo, al contrario, seamos esos odres que llevan el Vino nuevo a todas las naciones, dando testimonio de la renovación que hace Cristo en cada uno de nosotros, testimonio de esa transformación en nuestras vidas que Jesús nos hace para que amemos a los demás así como Él mismo nos ama.

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