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Vengan a mi, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y los aliviaré… Y como no podrá aliviarnos de la carga tan pesada que llevamos si Él es el Señor de la vida? Ya Él ha comenzado a cargar ese peso tan molesto para nosotros dejándose clavar en la cruz, dejándose flagelar por nosotros siendo Él el único inocente de toda culpa.

Al contrario, carguemos mejor el peso que nos quiere dejar Cristo en nosotros, es un peso lleno de paz, lleno de misericordia, lleno de humildad, lleno de esperanza, lleno de la bondad y del amor infinito de Dios.

El pecado hace que la carga sea insostenible, el pecado hace que no podamos llevar esta vida en orden, el pecado hace que nuestro corazón y nuestra alma se vayan debilitando hasta morir, el pecado hace de nuestras vidas un vacío tan profundo que no podemos saciar con casi nada, y sólo el amor de Dios es capaz de transformar nuestras vida en una vida llena de luz, en una vida llena de paz, en una vida llena de amor.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, amemos a Dios, tomemos su carga, y dejemos nuestros apegos de esta vida y sentiremos una libertad plena, sentiremos una carga que nos eleva al Padre constantemente, sentiremos un inmenso amor en nuestra alma que no podemos describir.

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