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Yo conduciré a Israel, mi esposa infiel, al desierto y le hablaré al corazón (Os 2, 16)… Cada vez que Dios percibe que su pueblo santo se está desviando de su camino, lo toma, lo lleva a dónde nada ni nadie pueda perturbar ese encuentro amoroso que Él le ha preparado a su pueblo elegido, le habla al corazón no con palabra vanas, no con palabras falsas, sino con la Palabra de verdad, de Amor, de misericordia.

Dios lleva a su esposa al desierto para enamorarla, la lleva al desierto para volverse a encontrar con ella cara a cara, para que su esposa se de cuenta del error que ha cometido y vuelva a Él.

Y Dios no le reprocha su mala acción, al contrario, busca incansablemente, perdona siempre y ama sin medida, Él se entrega totalmente a su esposa, al pueblo que se escogió para Sí, para salvarlo, para demostrar el inmenso amor que nos tiene.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, dejémonos encontrar por Dios, dejemos que nos lleve al desierto para que podamos ver la grandeza de su Amor para con nosotros, dejémonos amar por Él, que quiere que nos salvemos en su Amor.

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