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Siembren justicia y cosecharán misericordia; preparen sus tierras para la siembra (Os 10, 12)… Y de que justicia nos habla el profeta? Será la justicia de las que hablan las leyes de la tierra? O, acaso, no será más bien de la justicia de Dios?

Y cual es esa justicia de Dios? No dijo Jesús que amemos a nuestros enemigos? Sí amamos a nuestros enemigos, no recibiremos amor? Y no dijo también Jesús, ayuden a los desvalidos, forasteros, hambrientos, desnudos y enfermos?

Ese es la justicia de Dios, que amemos a nuestros enemigos, esa es la justicia de Dios, que vistamos desnudo, que demos comida al hambriento, que demos hospedaje al forastero, que visitemos a los encarcelados y a los enfermos, esa es la justicia de Dios, que seamos sus manos para ayudar a los demás, que seamos sus pies para llevar la Buena Noticia a todas las naciones, que seamos su boca para denunciar lo que está mal y para anunciar la obra de Dios, que seamos su cuerpo que da verdadera vida a la Iglesia de Cristo, templo del Espíritu Santo.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, preparemos la tierra dónde será sembrada la semilla del amor, preparemos nuestros corazones para recibir la Palabra de Dios, meditarla delante de Él y ponerla en práctica en nuestras vidas para que dé frutos abundantes, y allí obtendremos la recompensa, el Amor de Dios en nuestra vida y en nuestro espíritu.

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