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Misericordia quiero y no sacrificios (Mt 12, 7)… Dios sólo quiere de nosotros un corazón humillado, sólo quiere de nosotros obras de misericordia, sólo quiere de nosotros que prestemos atención a aquellas personas necesitadas, no quiere de nosotros sacrificios cruentos, porque para eso mismo Cristo se ofreció a sí mismo, para que nuestro sacrificio sea un corazón humilde, para que nuestro sacrificio sea un corazón humilde, para que nuestro sacrificio sea ayudar a los más necesitados, para que nuestro sacrificio sea un vivir para los demás, un vivir para Dios.

Sólo un único sacrificio quiere Dios, sólo un único sacrificio satisface a Dios, sólo un único sacrificio agrada a Dios, y es el sacrificio del amor, el sacrificio que hizo Cristo Jesús por nosotros, el que hizo María Virgen al tener en su seno al Salvador del mundo, el de la entrega por el bien de la misma humanidad, el de la entrega de Cristo en la cruz para la redención de nuestros pecados, el sacrificio que han hecho los santos mártires, de entregar su vida a Cristo y a la Iglesia.

Por tanto, mis amadísimos hermano, reconozcamos delante del Señor nuestras debilidades, humillemonos delante del Creador aceptando nuestra condición de pecadores, sirvamos al Señor con alegría, entusiasmo, valor y amor, entreguemos nuestra vida a Aquel que nos la ha regalado y hace posible nuestra existencia.

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