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Ay de aquellos que planean injusticias, que traman el mal durante la noche (Mi 2, 1)… Porque Dios aborrece el mal en las personas, porque Él quiere que el ser humano no se destruya sino que se amen entre sí, sino que lleguen a la plenitud de la vida, que no es más que el verdadero Amor, el Amor que proviene de Él, del Amor que nos hace capaces de entregar nuestras vidas al prójimo, el Amor que nos hace capaces de tener compasión de los más necesitados, del que sufre, del triste, del agobiado.

Y es que Cristo Jesús quiso encarnarse, quiso nacer y hacerse hombre, para enseñarnos con su vida lo que Dios quiere para nosotros, vino a predicarnos como es el Reino de los Cielos, vino a mostrarnos cuan grande es el Amor de Dios Padre para con nosotros, vino a entregarnos ese Amor infinito a cada uno de nosotros, a demostrarnos hasta que punto Dios es capaz de hacer por nosotros.

Por tanto, mis amados hermanos, no hagamos el mal, busquemos la manera de entregar ese Amor que Dios ha derramado en nosotros desde el bautismo, que Dios nos ha dejado por medio de la Eucaristía, que Cristo no ha entregado al dejar a su Madre María Virgen en medio de nosotros, que Cristo nos ha enseñado al dejarse clavar en la cruz para la salvación de nuestros pecados.

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