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Desde antes de que nacieras, te consagré como profeta para las naciones (Jer 1, 5)… Porque ya desde antes de estar en el seno materno conocía nuestros corazones, ya desde el principio sabe nuestras debilidades y nuestras fortalezas, ya desde antes de nuestra concepción sabe como somos, que queremos y que necesitamos.

Nos ha consagrado profetas de las naciones, nos ha llamado para anunciar la Buena Noticia a todos, nos ha seleccionado para ser trabajadores de su viña, nos ha contratado para sembrar la semilla de su Palabra, nos ha escogido para ser portadores de la salvación que viene de Él.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, dejemos que la semilla de la Palabra penetre en nuestros corazones, dejemonos llevar por la Palabra de Dios, no cerremos las puertas de nuestro corazón al servicio que el Señor nos llama a realizar.

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