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El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo (Mt 13, 24)… Una semilla que germina y florece abundantemente, una semilla dónde su fruto es abundante y sustancioso, una semilla que al germinar funda sus raíces sólidas.

Y un hombre que trabaja por su campo, que trabaja por sembrar las mejores semillas, un hombre que trabaja para que esas semillas sean las mejores y productivas, ese hombre es Dios mismo que siembra su Palabra en nuestros corazones, en nuestras vidas, en nuestras almas. Ese Hombre quiere que demos buen trigo, ese hombre no quiere arrancar la maleza hasta el momento propicio.

Por tanto, mis amados hermanos, dejemos que ese Hombre siembre la semilla en su Palabra en nuestros corazones, dejemos que el trigo crezca en nuestras vida abundantemente y dejemos que Cristo mismo arranque las cosas malas de nuestros corazones.

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