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Sí te vuelves a mí, yo haré que cambies de actitud (Jer 15, 19)… Él hará de nosotros mejores personas, Él hará de nosotros hombres y mujeres ricos, porque para volverse a Él necesitamos ser humildes de corazón, necesitamos reconocer que Él nos ha creado y nos ha amado primero, necesitamo desprendernos de todas las cosas materiales y dejar que Él actúe en nosotros y en nuestros corazones.

Volvernos a Él implica dejar la vida de pecado, dejar a un lado el orgullo, calmar la ira, dejar la avaricia, desprendernos de aquellas cosas de este mundo, dejar que el Espíritu Santo actúe en nuestros corazones, decir sí a la voluntad del Señor, caminar por su sendero; volvernos a Él requiere una entrega total al verdadero amor, una entrega de la vida misma a Él, una entrega por y para la humanidad.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, volverse a Dios es estar lleno de bendiciones, de paz, de amor; volverse a Dios es vivir en comunión con la Iglesia; volverse a Dios es una entrega de amor a Dios y a sí mismo. Vivamos así entregados a nuestro Creador y Señor, vivamos así llenos de esperanza en la vida eterna, vivamos así inmersos en este mundo pero optando por los bienes celestiales.

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