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¿Acaso no puedo hacer yo con ustedes, casa de Israel, lo mismo que hace este alfarero? (Jer 18, 5)… Acaso no puede Dios transformar nuestras vidas a como Él quiera? No es acaso Dios quién nos creo? Acaso no fue Él mismo quién ha creado todas las cosas, e incluso, las sigue creando en cada momento? No puede Dios transformar nuestros corazones de piedra en corazones de carne?

Sí puede, Él puede transformar hasta nuestra manera de pensar, pero quiere que cada uno de nosotros se deje transformar, pero quiere que cada uno de nosotros lo busquemos sinceramente para que Él nos transforme, y no sólo nuestra vida, sino también nuestros corazones de piedra en corazones de carne, nuestra forma de pensar, nuestra forma de tratar a las personas, nuestra manera de amar. Él transforma a aquellos que lo buscan con un corazón sincero, con un corazón humillado, con un corazón pobre, con un corazón humilde, con un corazón que se deje moldear por las manos de ese alfarero que es Dios.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, dejemonos moldear por las manos de Dios, dejemos que Él actúe en nuestras vidas, dejemonos llevar por su Palabra, dejemoslo actuar en nuestro corazón, y arrepintámonos de corazón de aquellas cosas que no agradan a Dios.

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