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Este hombre, Jeremías, merece la muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad (Jer 26, 11)… Porque aquél que va a profetizar en nombre del Señor, debe decir lo bueno y la malo, debe anunciar la Buena Noticia y a su vez debe denunciar las malas acciones de las demás personas, debe llevar la Palabra del Señor y a su vez decir las consecuencias de las cosas que se estén haciendo mal.

Y es que el profeta no va a hacer más que aquello cuanto le diga el Señor, no hace más que proclamar a los cuatro vientos el Evangelio, no hace más que hacer de la Palabra de Dios un estilo de vida para sí mismo, no hace más que vivir en carne propia aquellas enseñanzas que el Señor le muestra, no hace más que decir aquello que está bien y aquello que está mal.

Por tanto, mis amados hermanos, escuchemos la voz del Señor, seamos profetas de su Reino, llevemos la Buena Noticia a todos los pueblos, que la recompensa de ello está en la vida eterna, está en Cristo Jesús quién nos ha elegido desde antes de nacer para proclamar su amor y su justicia.

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