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Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios (Jer 30, 22)… Somos el pueblo que Él mismo se escogió, somos el pueblo a quién el quiere arrancar el corazón de piedra e infundir un corazón de carne, un corazón que sienta realmente, un corazón que ame con Él mismo ama, un corazón que mire y juzgue según la voluntad de Él.

Somos el pueblo que sigue el camino de su Hijo Unigénito, de Cristo Jesús, somos el pueblo que Él capacita para llevar su Palabra de amor, de paz, de esperanza a las demás naciones, somos el pueblo dónde Él reposa, somos el pueblo que Él tiene para Sí mismo como heredad.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, no vivamos como si ya estamos salvados, vivamos siempre según la voluntad de Dios, según su plan de salvación, según su amor, y llevemos siempre ese mensaje a los demás pueblos, vivamos con un corazón que le agrade a Él, con un corazón capaz de amar pero con mayor capacidad de perdonar a quienes nos hacen daño, vivamos con un corazón que siempre esté mirando a Dios y que siempre esté guiado por su sendero.

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