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Hijo de hombre, anda; dirigete a los hijos de Israel y diles mis palabras (Ez 3, 4)… Digamos al pueblo de Dios sus mandatos, digamos a nuestros hermanos que conviertan su corazón a la humildad y a la sencillez, humildes y sencillos como un niño.

Vamos, andemos, recorramos, proclamemos la Palabra que el Señor nos ha dado, la Buena Noticia nos ha entregado, el Evangelio de Cristo Jesús que nos ha sido confiado para llevarlo a todos los pueblos, gentiles y judíos, cristianos y no cristianos, justos y pecadores, llevemoslo dando testimonio con nuestras propias vidas, encarnandolo en nuestros corazones, haciéndolo de nosotros un estilo de vida.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, escuchemos constantemente al Señor, prestemos atención a la Palabra que nos dice todos los días, para que podamos transmitir esa Palabra que Él mismo nos da a nosotros mismos y al su pueblo.

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