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¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! (Lc 1, 42)… Bendita es la Ssma Virgen María porque ha creído, bendita ella que puso toda su confianza en el Padre, y sin dudarlo ni un momento se entregó a la voluntad de Él, sin dudarlo aceptó su plan de salvación y permaneció humilde, sin gritarlo a los cuatro vientos, sin alardear que es la Madre de nuestro Señor.

Y, todavía así, nos viene a visitar cuando tenemos algún problema, nos visita para auxiliarnos y ayudarnos en las cosas que nos suceden. Pero, quienes somos nosotros para que la Madre de Nuestro Señor nos visite? Somos acaso más importante que Él? Definitivamente que no, pero quién recibe a Dios en su corazón actúa sin pensar, actúa por la misma gracia que Dios nos da para ser sus mensajeros y portadores de la Nueva Noticia.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, Dios quiso elevar a la Ssma Virgen María en cuerpo y alma a los cielos, por siempre decir SÍ a su Palabra, por aceptar siempre su plan de salvación, permanezcamos nosotros siempre con esa actitud de humildad que caracterizó a nuestra madre del cielo, permanezcamos siempre unidos al amor de Cristo Jesús y así seremos salvados por la virtud de la Sangre derramada en la cruz.

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