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Dejen a los niños y no les impidan que se acerquen a mí, porque de los que son como ellos es el Reino de los Cielos (Mt 19, 14)… Y como son los niños al momento de nacer? Acaso ellos nacen con maldad? Acaso son ellos perversos como los adultos? O cuando pelean entre sí, no siguen minutos después jugando como si nada hubiera pasado? O es que un niño planea como vengarse de otro que le ha hecho mal?

Las personas hemos nacido como fruto del Amor, más allá del amor entre un hombre y una mujer, más allá del fruto del amor carnal, más allá del fruto de un amor efímero y simple, somos fruto del Amor verdadero, somos fruto del Amor que proviene de Dios. O es que acaso un niño no muestra ese amor incondicional? O, no es verdad que un niño se muestra bondadoso y tierno?

Por tanto, mis amadísimos hermanos, volvamos a ser como niños, dejemos que Cristo Jesús convierta nuestro corazón de piedra en un corazón que sienta, en un corazón que ame de verdad, en un corazón que perdone siempre, en un corazón bondadoso, en un corazón que no guarde rencor ni maldad, en un corazón que confíe, que tenga fe y esperanza en Dios, que ame a Aquel que nos amó primero y entregó su vida por nosotros.

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