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Y todo aquel que por mí haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o esposa o hijos, o propiedades, recibirá cien veces más (Mt 19, 29 – 30)… Y es que acaso todas las cosas que tenemos no nos las dio Él? O es que creemos o pensamos que todo es por puro esfuerzo de nosotros mismos? No es Él mismo quién da y quita según sea conveniente para nosotros? Y si eso mismo que nos da lo ponemos a disposición de Él no nos dará aún más? Muchos ejemplos tenemos acerca de esto, y es que desde el principio ya lo demostraba Abel entregando sus mejores cosechas al Señor y el Señor le daba cada vez mejores cosechas.

Que cosas podemos tener por nuestros propios medios? Acaso podremos tener más padres o madres? Acaso podremos tener más hijos? Acaso podremos tener más hermanos? O acaso podremos tener más propiedades solamente con nuestro esfuerzo? O es que pensamos que podemos llegar por nuestra cuenta a la vida eterna?

Por tanto, mis amadísimos hermanos, sigamos la voz del Señor Jesús, dejemos nuestras ataduras de este mundo y busquemos aquellas cosas que nos atan a la vida eterna, seamos imágenes de Cristo en este mundo, vivamos realmente el Evangelio en nuestras vidas, encarnemos la Buena Noticia en nuestro cuerpo y podremos llegar, así, a todos los confines del mundo proclamando a Aquel que nos ha hecho libres mediante su entrega en la cruz, mediante su Sangre entregada para pagar nuestra deuda y para nuestra salvación.

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