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Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que procede de Dios (1Cor 2, 12)… Y en que momento hemos recibido ese Espíritu? Y, cual es ese Espíritu? Pues, ese Espíritu lo hemos recibido a través del bautismo y llevado a plenitud en la confirmación por medio del Obispo; ese Espíritu que hemos recibido y que nos ha insertado dentro de la Iglesia Santa de Dios, dentro del pueblo santo de Dios, dentro de los hijos de Dios, es el Espíritu Santo.

Y ese mismo Espíritu es quién nos hace comprender las cosas que provienen de Dios, o es que acaso con nuestra sola “inteligencia” entendemos las cosas de Dios? O es que acaso podremos saber que piensa realmente Dios? Si no es por el mismo Espíritu que Dios nos ha infundido en nosotros, no podremos nosotros saber cual es el plan de Él para con nosotros, no podremos saber que quiere el Señor de cada uno de nosotros, no podemos entender las situaciones que el Padre Dios permite para nuestro bien y el de todos los hombres.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, avivemos ese Espíritu que el Señor nos ha entregado, alimentemos ese Espíritu con la Palabra que viene de Dios, con el Cuerpo y la Sangre de Cristo que es Pan de vida eterna y Caliz de eterna salvación, vivamos nuestra fe a plenitud junto a Aquel que dio su vida por nosotros, y no dejemos nunca de comunicarnos con Dios, y unamonos a la Ssma Virgen María, quién estuvo y está siempre con su Hijo Jesucristo intercediendo todo el tiempo por cada uno de nosotros.

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