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Cuando uno dice: “Yo soy de Pablo, “Yo soy de Apolo”, ¿no proceden ustedes de un modo meramente humano? (1Cor 3, 4)… Y es que acaso Dios está en segundo plano? Cuando decimos que somos de uno u otro sacerdote, no estamos acaso siguiendo al sacerdote en vez de seguir a Cristo? Quién es más importante para nosotros, Cristo que dio la vida por cada uno de nosotros o el sacerdote que sigue los pasos de Aquel que lo llamó?

El sacerdote sólo es una persona que trabaja por el Reino de Dios, hace lo posible o imposible para llevar a esa comunidad que se le ha asignado por el camino de la salvación, busca la manera de que la comunidad encuentre a Cristo Jesús resucitado, busca los medios para sembrar la semilla de la Palabra de Dios, de regarla, pero Dios es quién se encarga de florezca, de que renazca en esas comunidades, en esas personas, en nosotros el Evangelio que el sacerdote ha podido sembrar en nosotros.

Por tanto, mis hermanos amadísimos, no sigamos a los hombres que trabajan por el Reino de Dios, sigamos a Dios mismo y dejemonos ayudar por aquellas personas que trabajan para Dios, escuchemos esa Palabra que el sacerdote nos dice, y dejemos que Cristo Jesús haga florecer esa Buena Noticia que nos ha sido predicada, que nos ha sido enseñada por los obreros del campo del Señor.

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