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José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo (Mt 1, 20)… No dudemos en recibir en nuestra casa a María, la Madre del Salvador, que por medio de ella nos ha llegado la redención, aceptando con humildad y sencillez su misión, su vocación.

No dudemos en recibir a María en nuestra casa, en nuestra vida, en nuestro corazón, seguir su ejemplo, seguir su vida, dejar que nos enseñe así como Jesús aprendió de ella, dejar que nos lleve por el camino que nos conduce a Cristo, porque nadie mejor que una madre conoce a su hijo, y mucho más María quién lo tuvo 9 meses en su vientre, lo alimentó, lo vistió, lo educó y le enseñó el significado del amor.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, aprendamos de la Madre de Dios a vivir como hijos de Dios, a aceptar las cosas que vienen de Dios diciendo un SÍ sencillo, un SÍ humilde, un SÍ de corazón, un SÍ puestos en la voluntad del Señor, quién es nuestro Guía, nuestro Salvador, quién siempre nos regala infinitas gracias y bendiciones cada vez que lo buscamos.

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