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Ay de mí si no anuncio el Evangelio! (1Cor 9, 16)… Porque para eso hemos sido bautizados. Ay de nosotros si no proclamamos la Buena Nueva, y no es porque nosotros queramos o no, sino porque ha sido un mandato del Señor diciendo, vayan y proclamen la Buena Noticia a todas las naciones, así que no es por un capricho de nosotros que queramos llevar el Evangelio a todas partes, sino es cumplir con la misión que Cristo Jesús nos ha encomendado, llevando a todos los pueblos la Palabra de Dios encarnada en nuestras vidas.

Y como podemos encarnar el Evangelio en nuestras vidas? Como podemos llevar eficazmente la Palabra de Dios a las demás personas? El mismo Jesús nos lo dice: Felices los pobres de espíritu… Felices los que buscan la paz… Felices los que lloran… Felices los que tienen hambre y sed de justicia… Y también nos dice: aquellos que me dieron de comer y me dieron de beber, los que me vistieron, me visitaron en la cárcel o estando enfermo… Éstas y muchas otras maneras más hay de encarnar el Evangelio en nuestros corazones.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, escuchemos atentamente la voz del Señor en nuestros corazones que nos dice, vende todo cuanto tienes dáselos a los pobres y sígueme, escuchemos el llamado que nos hace a cada uno de nosotros que nos dice, vayan de 2 en 2 a proclamar el Evangelio a todas las naciones, abramos nuestros corazones a la Palabra de Dios que nos invita a seguirle, a imitarle y a proclamarle a todos nuestros hermanos.

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