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No hay árbol bueno que produzca frutos malos, ni árbol malo que produzca frutos buenos (Lc 6, 43)… Y quién es el árbol bueno? Y quién es el árbol malo? Si el árbol bueno sólo produce frutos buenos, entonces quién estará en el árbol bueno? Todo aquél que ame verdaderamente, todo aquél que muera a sí mismo y dé la vida por los demás, ese mismo es fruto del árbol bueno, porque todo cuanto viene del Señor es bueno, y todo quién se acoge a Él siempre dará buen fruto.

O es que acaso de Él no proviene el amor? O no es Él quién nos da la vida? Él no fue quién creo el mundo dónde vivimos, el aire que respiramos, el agua que tomamos, el alimento que comemos? O es que acaso somos del árbol malo y pensamos que nos merecemos todo cuanto poseemos, que todo lo que existe es nuestro porque lo hayamos trabajado, o simplemente por el sólo hecho de existir?

Por eso, mis amados hermanos, no seamos ciegos y egoístas, escuchemos la voz del Señor, abramos nuestros corazones y dejemos que su Palabra actúe en nosotros, unamonos al Buen Árbol para que así demos buenos frutos.

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