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Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica (Lc 8, 21)… Aquellos que cuidan y velan por los más necesitados, aquellos que aman sin medida al hermano, aquellos que sienten compasión por el hambriento y el desnudo, aquellos que perdonan sin medidas, aquellos que se une al triste e intenta aliviar el dolor, aquel que le entrega su vida y su corazón a Cristo Jesús, esos son su madre y sus hermanos.

Porque, quién es la Palabra de Dios? Quién ha sido el Verbo hecho hombre? Como dice el Apóstol San Juan, desde el principio existía la Palabra, y la Palabra era Dios… No está hablando acaso de Cristo Jesús? No ha sido por Él creadas todas las cosas, visibles e invisibles, como lo atestigua el Apóstol San Pablo? No es Jesús, el Unigénito del Padre, quién ha cumplido a cabalidad todo cuanto el Padre había dicho a los patriarcas y los profetas en la antigüedad?

Por tanto, mis amadísimos hermanos, escuchemos siempre atentamente la Palabra de Dios, hagamosla nuestro estilo de vida, abramos nuestro corazón a la Palabra que Dios nos ha querido entregar, vivamos en esa Palabra que nos transforma y nos llena de su amor, de su paz, de su ternura, de su perdón.

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