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Ellos se pusieron en camino y fueron de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio y curando en todas partes (Lc 9, 6)… Porque aquel que acoge la Palabra de Dios en su corazón no hace otra cosa más que proclamarla, no hace otra cosa más que decir a todas las personas lo grande, generoso y amoroso que ha sido Dios con cada uno de nosotros, no hace otra cosa más que aceptarla, vivirla y dar testimonio con su vida de la Verdad y del Amor.

Y es que la misma Palabra del Señor nos impulsa interiormente, nos da fuerza, nos anima a que la llevemos a todas las naciones, nos concede la sabiduría necesaria para que la gente entienda el mensaje que Dios les quiere transmitir, nos concede la gracia de llevar ese mensaje a todo el mundo, nos envía a todas partes para que así, con nuestra vida y con nuestra entrega a Él, seamos testimonios ante los hermanos y seamos también testigos del Amor, la bondad y la misericordia que tiene Dios con todos nosotros.

Por tanto, amadísimos hermanos míos, no seamos sordos a su voz, escuchemos atentamente el llamado que el Señor nos hace de anunciar la Buena Noticia, acojamos con amor y gratitud en nuestra vida esa Palabra que el Señor Jesucristo nos quiere decir, estemos atentos al llamado de Dios, y digamos ese SÍ como lo hizo la Ssma Virgen María al anuncio del Ángel.

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