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Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén (Lc 9, 51)… Un viaje para no salir de allí, tomó la determinación de entregarse para salvarnos, pero salvarnos de que? Acaso necesitaba Dios de entregar a su Hijo único? Era necesario la muerte de un inocente por todos los culpables, pecadores y los que no piensan en sus actos?

Para salvarnos del pecado, para salvarnos de nosotros mismos, para sacarnos del lugar dónde siempre hemos estado, y aunque no era necesario que Dios entregara a su Hijo, lo hizo para que aprendamos cuanto nos ama y como debemos obedecerle, para que entendamos cuan importante somos para Él, que no nos quiere muertos en el pecado sino vivo en su infinito amor, para veamos que en la humildad y en la sencillez está la vida, y por eso, tuvo que ser un inocente, tuvo que ser el Inocente que entregara su vida para que sea, así, la ofrenda agradable a Dios.

Por tanto, amadísimos hermanos míos, miremos como Dios nos ama, e intentemos imitarle en su amor para con Él y con nuestros hermanos, no porque a Él le haga falta que le amemos, sino porque a nosotros mismos nos hace falta amarle para sentirnos en paz, para sentirnos felices, para sentirnos llenos, y no sólo sentirlo sino también estarlo.

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